Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    22 de mayo de 2012
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BREVES
Última actualización 18/11/2011@19:35:33 GMT+1
Miquel Bonet No puede ponerse en duda, que internet ha hecho el mundo más redondo y también más próximo. Vivir virtualmente te acerca a todos, pero cuando apagas el terminal, puede que estés aún más sólo que antes.

De hecho, nadie conoce mejor la soledad que los que la sufren constantemente aunque los demás no nos demos cuenta, y con el teletrabajo o con la formación a distancia ocurre un fenómeno similar. Envidiamos las ventajas de estudiar o trabajar fuera de horario, de evitar desplazarnos y de conectar el ADSL cuando nos place, pero no tenemos en cuenta que a menudo, no tener horario equivale a empezar a trabajar cuando las otras tareas que tenemos se han realizado. La diferencia de un aula o un despacho virtual equivale a cierto aislamiento y a privarse de toda comunicación no verbal. Trabajar sin percibir la corporalidad de los demás es perderse el contacto humano, y no olvidemos que el éxito y la felicidad sólo dependen del reconocimiento en la mirada de los otros.

En cuanto a lo de conectarse cuando uno quiera, esto es así sólo a medias, mientras dependamos de una red tecnológica con velocidad precaria en el que los cuelgues del sistema son tan familiares como el uso de la tecla del reset, mejor cambiemos la voluntariedad por la posibilidad.

Casi nadie se da cuenta de lo que significa tratar de aprender desde la distancia. Incluso ensayándolo previamente pruebe el lector a explicar cómo cocinar un plato o hacer un nudo o, más fácil, montar un mueble a través de un manual y un terminal de teléfono u ordenador, y lo comprobará.

Porque el aprendizaje “de verdad” depende de un modelo, de la experiencia para interactuar directamente, del descubrimiento de los errores que ayudan a crecer y a cambiar, y esto funciona mejor si tenemos a alguien a nuestro lado, porque la verdad es que resulta muy difícil hacerlo solos.

La forma de aprender que está adquiriendo un notable avance en el mundo de la formación es sin duda el e-learning, que debería ser muy distinto de la tradicional formación a distancia.

Según un informe de Élogos-IESE (pag.47), en 2009 el 72% de las grandes empresas ya disponen de plataforma de e-learning.

La diferencia entre el buen y mal e-learning consiste básicamente en la capacidad del plan docente, la profesionalidad del tutor y la plataforma para simular situaciones reales −como las cabinas virtuales de los pilotos−, creando determinadas herramientas que estimulen al alumno hacia el descubrimiento de su propio aprendizaje.

Por ello, deberíamos rechazar aquellos métodos didácticos basados en un modelo presencial y reproducidos simplemente en copia virtual, pensando en una nueva metodología docente, abstrayéndonos hacia una realidad auténticamente virtual, o sea, imaginativa, motivadora, autoestimulante y especialmente tutorizada por profesores que empaticen con el alumno para conseguir que éste avance hacia un aprendizaje real, estimulando su curiosidad para conseguir que llegue a divertirse cuando alcance las perspectivas que hemos alimentado en su imaginación.

Ante esta forma tan novedosa y al mismo tiempo atractiva de aprender se me plantean dudas y experiencias que he podido contrastar como profesor virtual en los últimos nueve años en mi universidad, además de mi experiencia como docente presencial, consultor académico y también como jurista, y que entiendo que deben valorarse y protegerse, desde la responsabilidad de los centros, asociaciones y personas que nos dedicamos a esto, impulsando el e-learning como un camino de formación congruente con nuestro tiempo y avanzando en paralelo con el futuro de las tecnologías de la comunicación.

Creo que podremos llegar a virtualizar, copiar o incluso clonar casi todo menos las emociones humanas. Me interesa la ciencia cuando se ocupa de mejorar la existencia de las personas, trascendiendo la simple demostración de hechos que no contribuyen a mejorar la existencia de todos, y me gusta fomentar el acceso a la cultura universal, que es la suma de lo que “todos” hemos aprendido.

Gracias a internet tenemos la posibilidad de compartir todo lo que hemos aprendido entre todos y quizás pueda ayudarse a la gente a fin de que, conociendo mejor su entorno y comprendiendo su pasado, tenga la opción de cambiarlo o mejorarlo y vivir mejor el presente.

He analizado los problemas que tiene el usuario de e-learning, contrastado con las opiniones de muchos alumnos en la universidad y usuarios en las empresas, y he comprobado que, salvando la numerosas dificultades técnicas que padecemos por la desafortunada labor de nuestros gobernantes que han estimulado los fatales monopolios, la mayoría de problemas tienen que ver con la comunicación entre las tutorías y los usuarios, la estructuración docente del curso, el por qué no se han diseñado contenidos dirigidos a determinados objetivos que a su vez tengan que ver con la realidad empresarial y, en algunos casos, a los déficits del centro con el que han concertado el servicio del curso en cuestión.

Avanzando un paso más he contrastado que las dificultades y el resultado final no dependen tanto de la calidad de los contenidos. ¿Será porque la mayoría están en internet? Quizás, pero la verdad es que una vez más se pone de manifiesto que aprender no es cuestión de transferir conocimiento ni depende de la capacidad académica de los tutores, sino del grado de motivación del receptor para llegar a la práctica y al descubrimiento individual, dependiendo este proceso de algo tan simple como la sensación de sentirse escuchado y, por tanto, menos solo ante el vasto universo virtual de internet.

Transcurrida ya la primera “década” digamos importante en su aportación docente, estamos asistiendo al crecimiento del e-learning, que ya representa el 25% de la enseñanza en idiomas y el 21% en T.I.C, creciendo también en temas como la formación en Prevención de Riesgos (PRL). Ello evidencia que estamos en el buen camino y si nos esforzamos todos en este compromiso de calidad y eficiencia podemos llegar a mucha más gente, en más lugares y sin otro límite que las ganas de aprender, que son indispensables para todos.

Precisamente y para acompañar al usuario en este itinerario tan complejo, y también −hay que aceptarlo− tan incorporal por la ausencia presencial de los agentes del mismo, la primera asociación que se creó en este país, AEFOL, creadora del mayor certamen mundial en lengua española (Expoelearning), promocionó la figura del “defensor del usuario de e-learning”, que me honro en representar y que constituye una experiencia inédita a nivel mundial que llevo asumiendo en los últimos años con un rol receptor, de forma absolutamente objetiva y sin depender de otro interés más que el humano de escuchar y comunicarse, a fin de mejorar el entorno del usuario de e-learning.

El defensor no busca convencer, ni siquiera influir; simplemente escucha cada caso, dando una opinión basada en el principio de la buena fe.

No se pretende invadir la esfera del derecho privado mediante dictámenes jurídicos ni opiniones académicas, aunque obviamente, cierto conocimiento sobre ambas materias permita facilitar contrastes con mayor rigurosidad.

Lamentablemente y en pleno siglo XXI, nuestro mundo se nos está volviendo “sordo” y la cantidad de información y los avances continuos de la tecnología están conformando espacios de comunicación ausente, presentando un mundo de incomunicación que constatamos a través de los medios audiovisuales. Y en estas tertulias en las que nadie escucha nadie −la ausencia del diálogo a favor de la provocación y el conflicto−, del que son espejo nuestros hijos, asistimos a la degeneración del lenguaje, que se ha tornado pobre, espeso e inexpresivo. Parodiando a SMS, voces de plástico y otras fantasías electrónicas, se está falseando el placer de la auténtica comunicación, se ha renunciado a la prosodia que invitaba al disfrute de la palabra y aquellos que deberían ser maestros en la oratoria prefieren la lectura de discursos para eludir la intencionalidad emocional, que sin duda delataría el vacío de sus propuestas.

A menudo comentamos con otros profesores universitarios la calidad literaria de los trabajos que nos llegan por parte de alumnos de final de carrera que van a enfrentarse a un entorno laboral altamente competitivo, sin recursos argumentales para defender sus respectivas candidaturas. Lástima que nadie les haya explicado que la principal competencia profesional es la comunicación aliada con la inteligencia emocional; poco puedes liderar, cooperar y no digamos comunicar, si no eres capaz de influir en los demás, empatizando y expresando tu propio proyecto personal.

No debiera extrañarnos que casi la mitad de los universitarios aspire simplemente a opositar y hacerse funcionario. Puede que nadie les haya convencido de que realmente lo que vale la pena sea resistirse al formulario, rechazar el gregarismo, potenciar las capacidades individuales y evitar el exceso de codificación porque impide pensar y crear.

Porque superar los paneles informativos y ganarle el pulso a la robotización excesiva que pretende venderse como comunicación deberían ser una forma de preservar nuestros valores como personas y ayudarnos a conservarlos. Pero sin duda el mejor regalo que nos ha hecho a todos este nuevo universo de internet es la posibilidad de ayudarnos a estar menos solos, porque las comunidades, blogs, wikis etc., nos hacen alcanzables y nos permiten incluso compartir nuestros problemas, que es un gran paso para intentar resolverlos, y eso es importante.

Miquel Bonet Abogado, profesor y defensor del usuario de e- learning

 

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