Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    22 de mayo de 2012
236/325
DIRECCIÓN
Última actualización 26/09/2011@21:49:07 GMT+1
Oliva González González ¿Qué hago para conocer más a mi equipo?, ¿y qué hago para que trabajemos con más ilusión?, ¿y qué hago para que crezcamos como equipo en todos los sentidos? Llevo un equipo de trabajo. Es un equipo multidisciplinar. De nivel. Pero desconozco, creo, la mayor parte de su potencial, aunque intuyo que es muy alto. Sé que trabajan bien. Estoy contento. Pero hay algo que me llama la atención. Los resultados no son excesivamente buenos. Hay algo que me chirría y que no sé decir exactamente lo que es.

Creo que hay confianza. Aunque, si me pongo a pensarlo bien, creo que la justa. Sé que no hay ilusión. Sé que no trabajamos con creatividad. Pero no sé por qué. Yo pongo todo de mi parte, pero hay algo que no logro captar, retener, o no sé muy bien decir.

¿Qué hago? Podría decir que es responsabilidad de ellos. Podría decir que yo hago todo lo que puedo. Pero si de algo soy consciente, es que la responsabilidad no recae únicamente en un lado. No, al menos, en la mayoría de las ocasiones.

Entonces, estoy obligado a preguntarme, ¿qué parte de responsabilidad tengo yo en esto? ¿Cómo influye esa parte de responsabilidad en la dinámica del equipo? ¿Cómo influye esa parte de responsabilidad en la cuenta de resultados? ¿Cómo influye la dinámica del equipo en la cuenta de resultados.

Es más, voy más lejos. ¿Influye la ilusión que tenga mi equipo, o la desilusión, en la cuenta de resultados? ¿Cuánto me pesa en ella la falta de confianza?

A priori, no sé responder a estas preguntas, pero sí estoy seguro de que tienen una respuesta, y que esa respuesta es, en el fondo, positiva. Porque si tienen respuesta, es porque tenemos capacidad de crecimiento. Porque esa capacidad de crecimiento nos puede hacer mejores. Mejores en tanto en cuanto funcionaremos mejor como equipo y mejores en tanto en cuanto nuestros resultados serán mejores.

Y entonces, al dar ese sentido a mis respuestas, yo me vuelvo a preguntar: ¿y qué hago para conocer más a mi equipo?, ¿y qué hago para que trabajemos con más ilusión?, ¿y qué hago para que crezcamos como equipo en todos los sentidos?

He probado casi de todo. Me reúno con ellos. Utilizo todas las técnicas de motivación que conozco, y conozco muchas, porque me he formado ampliamente. Hacemos off-sites cada cierto tiempo. Estoy a la última en la gestión de equipos, podría decirse. Y sin embargo, algo me falta.

Llevo así un cierto tiempo. Por eso me he decidido a escribir. Porque dicen que escribir, cuando tienes un problema, puede llegar a ser catártico. Durante el día observo a mi equipo y al llegar la noche, en la soledad de mi habitación, escribo estas notas.

Hoy, al escribir, me he dado cuenta de que he dicho que observo a mi equipo. Pero no me observo a mí mismo. Así que, ahora, trataré de observarme a mí mismo.

Yo tampoco tengo ilusión. Estoy. Con la confianza justa. También desconozco, creo, todo el potencial que llevo dentro. Pero, claro, es que no estamos en una cultura que nos impulse a mirar hacia dentro. Siempre nos ha obligado a mirar hacia fuera. A poner la responsabilidad fuera. Y entonces, al mirar ahora, yo, hacia dentro, ¿qué veo? Veo que las respuestas que no sé responder de mi equipo, tampoco las sé responder de mí mismo. Y claro, ahora me doy cuenta, si no puedo responder acerca de mí mismo, ¿cómo puedo responder acerca de los demás?

Bien, tengo que ponerle remedio. El caso es que, ¿cómo le pongo remedio? Señor. Estoy en un círculo vicioso. Y entonces, me da por ponerme a dibujar. Así, sin más. Sin ton ni son. Y entonces, observo que estoy cada vez más metido dentro de mí mismo. Y que voy avanzando sin tener que motivarme.

Sin tener que obligarme a que mi cabeza haga que yo vaya hacia algún sitio. Me lleva otra sensación. Y me lleva mucho más allá de lo que me llevaría mi cabeza. Y descubro cosas de mí mismo que no sé si hubiera descubierto de otra manera.

Resulta que soy creativo. Al menos, eso me parece. El dibujito que he hecho no está nada mal. Y si me fijo bien, ese dibujito dice algo de mí. No puede ser de otra manera. Lo he hecho yo, caramba.

Sigo probando. Ahora, en vez de un dibujito, me he dicho por qué no una pintura. Cojo un lienzo y pinto lo que se ocurre. Dejándome llevar. Interesante. Fluyo. No tengo la sensación de que el tiempo pasa, es más, el tiempo se ha detenido. Y yo fluyo. Lo repito, porque no me lo creo. Y me gustaría tener esa misma sensación en el trabajo. Y me gustaría que los demás también la tuvieran. Y si todos la tuviéramos, estoy convencido, seríamos mejores. Le tengo que dar vueltas a esto. Y tengo que seguir experimentando.

Allá voy. Me han invitado a una sesión de teatro. Curioso. Pero voy. A ver qué pasa. Vaya, me estoy riendo. ¿Cómo es posible que haya dicho yo eso? ¿Cómo es posible que haya hecho yo eso? Vaya energía que hay aquí. Vaya energía que tengo yo. Señor. Ojalá yo tuviera esa energía en el trabajo. Ojalá tuviéramos todos esa energía. Y me doy cuenta, al final, de que también se ha pasado el tiempo. Y no me he enterado. Y he fluido. Y cómo me lo he pasado. Y he visto cosas de mí que no veía. Y he visto cosas de los demás. He visto barreras mías. He visto barreras de los otros. He visto mi miedo. He visto el miedo de los otros. He visto mi alegría. He visto la alegría de los otros. He visto mi entrega. He visto la entrega de los demás. He visto la armonía de todos, el ritmo conjunto, he tocado la unión.

Y ahora, de nuevo solo, en la soledad de mi habitación, reflexiono. Y, ¿por qué no intentarlo? ¿Por qué no llevar a mi equipo a una de estas sesiones? A ver qué pasa.

Dicho y hecho. Lo he hecho. Ha sido tremendo. Por primera vez me he sentido parte de algo. Sí, esa es la realidad. Vaya, resulta que no soy parte del equipo. A algunos otros también les ha pasado. Y eso, ¿por qué?, ¿en base a qué? ¿Qué diferencias hay? ¿Qué es lo que ha pasado aquí que no pasa en el trabajo?

Y entonces, descubro. Descubro que no había cargos detrás de los que parapetarse. Éramos Juan, Pedro, Luisa, María, Inés, Fernando. Descubro que había comunicación. Descubro que había una dirección concreta, un objetivo muy determinado. Descubro que todo mundo tenía claro que no había un juicio sobre el resultado. Que había que entregarse. Descubro que cuando alguien tenía miedo, los demás le animábamos. Descubro que cuando yo tenía miedo, el resto me ayudaba. Descubrí las barreras que me impedían avanzar en ese ejercicio. Veía las barreras de los demás. Y eso era bonito. Porque nos lo permitíamos. Y creo, escribiendo esto, que ya sé dónde radica el problema. Creo haber encontrado algo.

Vamos a la empresa haciendo la representación del cargo que somos, muchas veces, no asumiendo la responsabilidad que implica y sí escondiéndonos detrás de él. Y cuanto más miedo tengo, más se acentúa esa representación. Yo no soy Juan. Soy el director. Y María no es María, es la directora financiera. Y hablamos de cargo a cargo, no de persona a persona, aunque nos llamemos por nuestros nombres, eso es… puro teatro… Y gestionamos de cargo a cargo, y no de persona a persona.

Cuantas más barreras, cuantas más dificultades haya, tanto más enrocados estamos en nuestras representaciones. Tanto o más nos escondemos. Porque no hay un “de tú a tú”. Hay un “de cargo a cargo”. Y entonces nuestra energía y nuestra entrega se va a esa representación, magnífica en la mayoría de los casos, y tremenda para nuestras cuentas de resultados.

Porque a fuerza de enrocarnos, a fuerza de representar, a fuerza de tratar de ocultar nuestros errores, nuestros miedos, nuestras dificultades, olvidamos que todo ello se marca a fuego en los resultados.

Vale, ya está. Ya encontré algo. Y ahora, ¿qué? ¿Cómo traduzco estas bonitas palabras en algo tangible? Tiene que haber algo. No sé muy bien cómo hacerlo. Pero si estoy diciendo que…: no hay dirección concreta, no hay comunicación de persona a persona, hay representación, no nos damos permiso para ser nosotros mismos…

Tendré que ver qué hago para ir poco a poco, para ir cambiando esto: pondremos dirección, seamos nosotros mismos, hablémonos de persona a persona. Qué difícil. Y si eso ya lo hacemos, ¿no? Pues no.

¿He comunicado claramente la dirección? Uf, va a ser que no. La verdad es que no he dicho esto porque creía que podría minar de alguna manera la eficiencia de Pedro. Y esto otro lo he matizado porque creía que si no, María se iba a sentir perjudicada. Y esto otro tampoco lo he dicho, porque si no iban a descubrir que no tengo tanta capacidad de negociación como parece…Y todas estas cosas que no he dicho, resulta que son importantes. ¿Qué mensaje he trasladado entonces? ¿A qué dirección me lleva? Dios mío. Es otra dirección. Yo mismo he equivocado la dirección.

Y al equivocar la dirección, cada uno trabajará en la que ha entendido. Y si yo he matizado la dirección, seguramente otro la habrá matizado para sí también. Lo que ha recibido de mí, lo ha pasado por su filtro. Y entonces, la dirección que yo marqué, tampoco es la que lleva el otro. Qué lío tan tremendo. Y entonces, ¿a dónde vamos realmente? Voy a tener que averiguarlo.

Y resulta también, que al matizar la dirección, he contaminado la comunicación. Y si he contaminado la comunicación, pues resulta que ya no hay buena comunicación. Porque al matizarla, resulta que he introducido dos canales: lo que digo y lo que no digo. Y resulta que lo que no digo es importante, porque precisamente por eso no lo he dicho. Y a Pedro le pasa lo mismo. Y a Luisa también. Y a Fernando. Y no sigo, que me está entrando mucho miedo. Miedo de no saber dónde vamos. Me da la sensación de que vamos todos con los ojos cerrados, en una barca que navega en una balsa de aceite en medio de la tempestad.

Bien, tranquilidad, se impone la tranquilidad. He descubierto cosas. Cosas que parecen importantes, hasta trascendentes. Sólo hay que buscar el camino. Y entonces recuerdo que para abandonarnos a nosotros mismos, tenemos la creatividad. Fue la creatividad la que me descubrió esto. Así que, de momento, trabajaremos la creatividad. Las actividades creativas. Aquellas que nos hacen olvidarnos de nuestras máscaras de cargos perfectos. Dejemos caer esas máscaras y empecemos a vernos como personas, dejemos que los demás nos vean como personas. Se impone el teatro. Dirán que estoy loco. O no. ¿Pero qué me importa? Como dice Carmen Martín Gaite, en uno de sus poemas:

Habéis empujado hacia mí estas piedras. Me habéis amurallado para que me acostumbre. Pero aunque ahora no pueda, ni intente dar un paso, ni siquiera proyecte fuga alguna, ya sé que es por allí por donde quiero ir, sé por dónde se va. Mirad, os lo señalo: por aquella ranura de poniente”.

Así que, sí. Que tengo clara la ranura de poniente. Dejar caer las máscaras, para que empiece la verdadera comunicación. Desde el corazón, desde las tripas, desde la cabeza. Las tres en armonía, a través de la creatividad. A ver qué pasa. Seguro que es bueno.

Oliva González González. Es socia directora de MyO Company. Puede contactar con ella en el e-mail: ogonzalez@myocompany.com
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (4)   No(0)
236/325
Comparte esta noticia  

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de Training and Development Digest
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.