Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    22 de mayo de 2012
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OPINIÓN
Última actualización 29/07/2011@22:23:44 GMT+1

Guillermo Garrón Montero El debate que propició la presentación de ofertas electorales, debía facilitar, que no solo desde los partidos se realizaran propuestas, sino que también desde la iniciativa civil se sugirieran alternativas provechosas para reformar y encauzar el estado de nuestra sociedad. Sin ninguna pretensión de ofrecer un programa cerrado de iniciativas, parece oportuno sugerir algunas acciones que ayuden a mejorar la capacidad  de nuestra sociedad de crear riqueza pese a los tiempos que vivimos y los que se avecinan, elemento imprescindible para garantizar la sostenibilidad de nuestro bienestar común.

La profunda y prolongada crisis económica y social en la que estamos inmersos y el futuro que viene apuntan que no podemos seguir ofreciendo las mismas soluciones timoratas, que no han cubierto las expectativas hasta ahora. Las viejas recetas no son la respuesta a los cambios radicales y profundos que se están produciendo hoy en los países de nuestro entorno.

En la economía, solo unas contadas empresas e instituciones orientadas a la mejora de la productividad tienen futuro en un mundo cada vez más interdependiente y sujeto a un incremento creciente de la rivalidad. Para ser más productivos, la innovación y la competencia, no las subvenciones y ayudas, son dos instrumentos imprescindibles para impulsarla. Solo la mejora de la productividad garantizará salarios y rendimientos de los objetivos a los que aspiramos.

La modernización y la innovación permanente de nuestro tejido empresarial debe completarse con nuevas iniciativas empresariales y el fomento del espíritu emprendedor. Solo una sociedad que apueste por la iniciativa personal y la capacidad de asumir nuevos riesgos, no ofrecerá un futuro esperanzador y prometedor. La cultura del emprendimiento debe fructificar frene a la cultura pseudoseguridad, el miedo al fracaso y la aversión al riesgo. Y para ello, sembrar el campo de subvenciones y ayudas no hará que florezcan nuevos empresarios ni pervivan los existentes. Hay que propiciar la capacidad de emprender nuevos proyectos desde el sistema educativo, el capital riesgo y las experiencias y ejemplos de las iniciativas empresariales exitosas.

En educación, debe ser prioritario reducir el fracaso escolar y universitario, aumentar la competencia entre los centros educativos , estimular la excelencia en la secundaria así como revalorizar la formación profesional. En la Universidad habría que mejorar los incentivos de los estudiantes y los docentes para conseguir un mejor aprovechamiento del capital humano y facilitar la transferencia de conocimientos y tecnología hasta la sociedad.

Resulta crucial la reforma de la administración, se ha construido una burocracia enorme y jerarquizada diseñada para un entorno que debe desaparecer.

Hay que simplificar y mejorar la eficiencia y la productividad de la administración. Hay que reducir los trámites administrativos e impulsar la realización de auditorías para que se reconozca la eficacia y justificación de los programas. Poner en evidencia a los transgresores tanto en la administración central, autonómica como local, como hasta la fecha no se ha venido haciendo. Habría que cambiar el sistema de incentivos de los funcionarios y sustituir la cultura del control por otra basada en la transparencia y la rendición de cuentas.

En sanidad hay que incluir mecanismos de ahorro. Hay que pensar en la utilización de sistemas de precios con objetivos de disuadir el uso excesivo e injustificado de los servicios; además hay que diseñar mecanismos de incentivos apropiados para los profesionales del sistema sanitario que premien a los profesionales competentes que trabajan con profesionalidad y dedicación .En lo referente a la introducción del uso de las nuevas tecnologías sanitarias, hay que avanzar en la cultura de la evaluación desde los órganos competentes del estado.

Estas reformas necesitan de un amplio debate y de un extenso respaldo social para su implementación. Siendo difíciles, hay que abordarlas con urgencia y determinación, sin cicatería por parte de algunos como hasta la fecha. Necesitamos que los líderes políticos y sociales estén dispuestos a impulsar los cambios, hoy no hacer nada y dejar que las cosas continúen como están ya no es opción porque el deterioro de la situación será rapidísimo y se pueden extender las reacciones de grupos insatisfechos de la actuación de nuestros políticos y agentes sociales. El que avisa no es traidor.

Guillermo Garrón Montero Consultor de Griker Orgemer

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