Una empresa es la suma de las personas que la conforman, pero para que se dé esta suma, para conseguir la identidad, el equipo de trabajo unido en el que todos remen en el mismo sentido, es fundamental tener en cuenta cada parte de la ecuación.
Con todo lo que tienen encima, las empresas están muy ocupadas en tratar de resolver sus problemas y tratar de salir adelante, y esto se refleja del mismo modo entre su personal. Las empresas deberían mirar en su interior y darse cuenta de que mantener fuerte el compromiso de los trabajadores con su trabajo es una pieza clave a la hora de conseguir eso que buscan con tanto esfuerzo por otros medios.
Si no es posible hacer que las condiciones económicas cambien de un día para otro, los directivos sí cuentan con muchas posibilidades para impactar de manera positiva directamente en sus empleados y hacer que ellos puedan enfocar sus energías en obtener buenos resultados y no en los problemas surgidos por la crisis.
En este contexto, la motivación del personal se constituye en un medio importante para apuntalar el desarrollo personal de los trabajadores y, por ende, mejorar la productividad de la empresa.
La motivación de personal: el gran reto de las organizaciones
Motivar a los trabajadores para que produzcan los resultados deseados, con eficacia, calidad e innovación, así como con satisfacción y compromiso, es fundamental en cualquier equipo de trabajo y más aún en tiempo de crisis. Pero, ¿qué hacer para lograrlo?
Para mantener tal grado de compromiso y esfuerzo, las organizaciones tienen que valorar adecuadamente la cooperación de sus miembros, estableciendo mecanismos que permitan disponer de una fuerza de trabajo suficientemente motivada para un desempeño eficiente y eficaz, que conduzca al logro de los objetivos y las metas de la organización y al mismo tiempo se logren satisfacer las expectativas y aspiraciones de sus integrantes.
La motivación está constituida por todos los factores capaces de provocar, mantener y dirigir la conducta hacia un objetivo. También es considerada como el impulso que conduce a una persona a elegir y realizar una acción entre aquellas alternativas que se presentan en una determinada situación. La motivación está relacionada con el impulso, porque éste provee eficacia al esfuerzo colectivo orientado a conseguir los objetivos de la empresa, y empuja al individuo a la búsqueda continua de mejores situaciones a fin de realizarse profesional y personalmente, integrándolo así en la comunidad donde su acción cobra significado.
Tales premisas conducen automáticamente a enfocar inevitablemente el tema de la motivación como uno de los elementos importantes para generar, mantener, modificar o cambiar las actitudes y comportamientos en la dirección deseada. La motivación es a la vez objetivo y acción. La motivación es resultado de la interacción del individuo con la situación y ni todas las personas son iguales, ni todas interactúan del mismo modo.
Cada individuo valora o conceptualiza a su manera las circunstancias que le rodean, así como emprende acciones sobre la base de sus intereses particulares. Las personas tienen mucho en común, pero cada persona es individualmente distinta. Además, estas diferencias son casi siempre sustanciales más que superficiales. Lo que una persona considera recompensa importante, otra podría considerarlo como inútil, ya que algunas personas difieren enormemente en el concepto y la forma de percibir las oportunidades de tener éxito en el trabajo. Las motivaciones difieren de un individuo a otro, evolucionan y pueden cambiar con el transcurso de los años y de las épocas.
Conforme las poblaciones de trabajadores de las organizaciones se van diversificando cada vez más, se va volviendo importantísimo reconocer la individualidad de las necesidades. Identificarlas y responder a ellas se convierte en un tema crítico para la buena administración.
Además, ya sea tomando como base una “naturaleza humana” común a todos los hombres, o bien recurriendo al concepto de cultura, si tenemos en cuenta al personal dentro de su equipo, como grupo de trabajo, se pueden encontrar también objetivos o motivaciones generales que pueden reducirse a unas pocas categorías, pero eso sí, sin dejar de tener en cuenta que esas motivaciones generales están matizadas por la individualidad.
Las personas y las empresas son diferentes; como las necesidades varían de individuo a individuo producen diversos patrones de comportamiento. Los valores sociales y la capacidad individual para alcanzar los objetivos también son diferentes. Además, las necesidades, los valores sociales y las capacidades en el individuo varían con el tiempo. Todo individuo y toda empresa posee su propia personalidad.
La conclusión es lógica: para que se realice un aprendizaje efectivo, los incentivos o premios deben estar constituidos de manera que sirvan para lograr los objetivos personales de las personas. La gerencia logrará la motivación más notable entre los empleados tratándolos también en forma distinta. Ahora bien, ¿cuáles son esos objetivos personales y cuáles son los generales, y cómo logro identificarlos?
Evidentemente no puede macarse una pauta común a todos los equipos y empresas, ya que dependerá de las características y circunstancias de cada caso.
Cada empresa por su camino
Para determinar los objetivos generales un equipo de trabajo y los particulares de cada uno de sus miembros que inciden sobre los mimos, es necesario que sea cada empresa y cada trabajador quien defina los mismos. El camino a seguir por una empresa y su equipo para alcanzar sus objetivos debe ser construido por ellos mismos, sumando los senderos de todos y cada uno de sus miembros en su configuración.
Como muchos profesionales explican, el coaching “es el estudio del ser a través del lenguaje para detectar cuál es el compromiso de una persona, equipo de trabajo o grupo social, interviniendo en el lenguaje para modificarlo y alcanzar nuevos compromisos y objetivos en el área laboral”. Se trata de enseñar a que cada persona individualmente y como grupo trabaje consigo misma, se autoanalice para encontrar aquello que quiere conseguir y aquello que le une y le motiva para conseguirlo. No hay que aprender lo que hay o se necesita hacer; lo que hay que hacer es aprender a encontrarlo.
El problema que esto plantea es que llegados a este punto, es necesario que tantos los individuos, los equipos de trabajo y las propias empresas, asuman este aprendizaje como parte de su ser. Aprender a encontrar el camino no es suficiente, hay que interiorizarlo, asumirlo y recordarlo para poder caminarlo.
Coaching experiencial: la importancia de vivir el camino
A lo largo de nuestra vida, las vivencias y recuerdos fundamentales que van construyendo nuestro imaginario son aquellas que nos han afectado desde un punto de vista emocional. Son las emociones las que construyen nuestros recuerdos. El primer beso, la primera decepción, la primera regañina… somos capaces de revivir y recordar cada detalle aquellas situaciones que nos impactaron emocionalmente y consiguieron llegar a nuestro interior. Es más, el aprendizaje que sacamos de estas experiencias es fundamental para nuestra conducta y desarrollo como personas.
La experiencia es lo que va moldeando nuestro comportamiento y creando nuestras necesidades. Las experiencias personales son la mejor herramienta para conectar con el interior de los seres humanos. El poder de lo que se vive en primera persona es básico dentro de este tipo de actividades de motivación. Hay que vivir el camino.
Podemos diseñar la ruta a seguir, marcar las pautas, las paradas, por dónde vamos a ir y a dónde vamos a llegar, etc, pero también podemos salir a la montaña, sentir el viento, oler el campo, tocarlo, y a través de esta experiencia, construir nuestro camino. Como decía aquel, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar...”
El coaching experiencial utiliza una “metáfora experiencial” para reforzar los objetivos del coaching. Haciendo que las experiencias se vivan más intensamente, esta técnica te ayuda a conseguir lo mejor de lo que haces o de lo que deseas hacer, utilizando todas tus habilidades y recursos para ello. Cada caso, cada objetivo y resultado esperado, requiere un tipo de experiencia y actividad determinada, por ello, este “coaching mediante la acción” trata de que la actividad que se realice sea una metáfora de los conceptos que se quieren trabajar.
Es una“gran aventura que nos ayuda a profundizar dentro de nosotros mismos para sacar ese mago que todos llevamos dentro…”
Las metas de la organización son inalcanzables a menos que exista el compromiso permanente de los miembros de la organización. La motivación es una característica de la psicología humana que contribuye al grado de compromiso de la persona. El coaching experiencial son experiencias que generan compromiso.
 | Antonio Mateo Santana Director Creativo Amateo Personal Experience “Experiencias que Generan Compromiso” |