Pues sí, ha aparecido, no sabemos si como moda o como un proceso evolutivo natural, la necesidad de considerar al directivo como un ser humano, que no solamente piensa, sino también siente y tiene una esencia personal que lo distingue de los demás y que no sólo no es poco profesional tener esta visión más humana del management, sino que es además necesaria. Por fin ambos frentes, el “hard” y el “soft” han dejado de contraponerse para empezar a convivir en armonía, buscando en conjunto respuestas a una serie de interrogantes hasta ahora no despejados.
Este planteamiento de las cosas puede deberse como dicen los “transpersonales”, a que estamos cerca del 2012, lo que se supone que producirá un incremento del nivel de consciencia de las personas. Traducido esto a nuestro lenguaje empresarial, puede representar que los directivos tienen que preocuparse de una vez por todas por ampliar la visión de la realidad que les circunda y que se animen a cuestionarse, a mirarse por adentro, a sentir y a describir sus sentimientos, a descubrir nuevos caminos para conseguir incrementar su eficacia personal y a escuchar un poco más a lo que tiene de humano, más que de tecnócrata.
¿Cómo puede influir todo esto en el directivo del presente y del futuro, especialmente en estos momentos de crisis económica, social y de valores? En la necesidad de rebuscar nuevas formas para dar respuestas a las situaciones. Es necesario equilibrar un entorno tan cambiante con personas estables en su esencia, en su escala de valores y en sus planteamientos vitales. Ahora bien, ello requiere una introspección y un nivel de autoconocimiento típicos de un nivel de desarrollo adecuado de la inteligencia emocional, no como una moda más, sino como una verdadera herramienta para incrementar el nivel de consciencia personal.
Tenemos que buscar caminos que nos ayuden a redescubrir a la persona en su esencia vital, a reaprender lo fundamental, lo olvidado, lo que estaba reservado a los filósofos. En resumen, debemos volvernos más holísticos y más globales, no sólo en la economía, sino también en los conocimientos, buscar respuestas uniendo áreas de conocimiento que el racionalismo separó. Ya era hora que entrase la filosofía en la empresa y todavía faltan que entren otras áreas del conocimiento que hasta nuestros días se consideran marginales, pero no por ello son menos reveladoras.
¿Dónde encontrar un área del conocimiento que resulte integradora y no disgregadora? ¿Dónde podemos indagar para comprender a las personas? El hombre siempre ha estado buscando respuestas, evolucionando desde el psicoanálisis, pasando por la psicología humanista, el conductismo, etc. Hoy tenemos a nuestro alcance una herramienta de autoconocimiento y conocimiento de los demás muy poderosa: el Eneagrama, que tiene solo una antigüedad de dos mil años y que recién ahora hace furor en los departamentos de Recursos Humanos de empresas vanguardistas, ya que bien utilizada ayuda al ser humano a conectar con toda la potencialidad de su ser, además de facilitarle el desarrollo adecuado de sus competencias profesionales.
Esta herramienta no solo es un método para el autoconocimiento, sino también para la transformación personal; es una matriz vital que pone de manifiesto la impronta con la que nacemos, característica esencial de la persona y raíz y fuente de todos los procesos vinculares.
El Eneagrama tiene realmente un carácter integrador, dado que es reconocido tanto en oriente, como en occidente. Considera al ser humano como una esencia que va más allá de su propio comportamiento, más allá de su personalidad, dado que ésta es sólo la máscara con la que se identifica. La persona al conocer su estilo de personalidad en el Eneagrama (eneatipo) se constituye en el observador de su conducta, es el actor/autor de todo. Es decir, a través del autoconocimiento, de escuchar nuestro yo interno, descubrimos que no somos nuestros sentimientos, somos el que siente, no somos nuestros pensamientos, sino el que piensa, el que tiene capacidad de pensar, Recordemos aquí la celebre frase “Busca al pensador, no al pensamiento”.
Creemos que ha llegado la hora de que los directivos tomen consciencia de que el desarrollo personal es el camino que deben empezar a recorrer si pretenden continuar siendo competentes. Sólo descubriendo que la realidad es un reflejo del interior de cada uno, se podrá asumir la responsabilidad de modificarla orientándola hacia el camino elegido. Y esperemos que este “despertar de consciencias” lleve a directivos a tener una actitud abierta de inquietud y ganas de aprendizaje constante, de apertura mental, eliminando los miedos y descubriendo el potencial que tiene cada uno de energía creadora.
Consideramos que un directivo no puede resistirse a todo movimiento que se está produciendo en el universo y por tanto le conviene asumir el protagonismo en el camino del autodescubrimiento y desarrollo personal, uniendo lo aparentemente incompatible, sintiendo y dejando sentir y en definitiva permitiéndose SER.
Julieta Balart
Socia directora
Agama Consultoría y Aprendizaje