Con una tasa de alrededor del 24% y cerca de cuatro millones y medio de parados, crear puestos de trabajo se ha convertido en una prioridad absoluta, requisito sin el cual difícilmente podremos decir que hemos superado este largo periodo de recesión.
El grave impacto que esta situación está teniendo en las familias españolas a lo largo y ancho de nuestra geografía, resulta especialmente doloroso a la vista de los graves problemas sociales que están surgiendo.
Esta situación, y los esfuerzos realizados por intentar generar empleo desde la Secretaría de Estado de Empleo, no deberían, sin embargo, descentrarnos de otro factor igualmente importante. Me refiero a la calidad del empleo; de nada nos vale generar trabajo de baja calidad o empleos “basura”, que no aportan valor ni a la empresa ni a la sociedad y que están abocados al fracaso. Es decir, que hay que apostar por crear empleos, sí, pero sin dejar de tener en cuenta la calidad de los mismos; la calidad y la cantidad deben ir de la mano.
En este sentido, la importancia de los recursos humanos para las empresas y para el conjunto de la sociedad es innegable. De un tiempo a esta parte han surgido muy buenas y brillantes ideas sobre el área de innovación organizativa y la mejora de las prácticas de gestión de las personas por lo que no debemos olvidar que son los ejes sobre los que se define la verdadera ventaja competitiva de las empresas.
Los nuevos desafíos del entorno por una cada vez mayor globalización y, por lo tanto, una mayor competencia entre mercados, hacen necesario que nos fijemos más que nunca en los trabajadores, en sus condiciones de trabajo, en la gestión que se hace de sus conocimientos… En definitiva, es imprescindible tener en cuenta la calidad del empleo y del talento como elemento primordial de productividad y competitividad.
El informe “Condiciones de Trabajo y Calidad del Empleo”, recientemente publicado por el Instituto Futuro de la Universidad Pública de Navarra, refleja cómo estas condiciones favorecen al desarrollo del talento o también lo pueden frenar. Es requisito necesario que diseñemos el contexto idóneo en el que potenciemos las capacidades que hemos adquirido y demos la oportunidad de crecer a las personas que comparten los proyectos para generar riqueza y valor en nuestras organizaciones y por tanto en la sociedad en su conjunto.
En el estudio “Trabajo y Calidad del Empleo” se pone de manifiesto que, en general, la existencia de modelos de trabajo y de recursos humanos imperfectos para la consecución de una mejor calidad de vida en el trabajo y el buen aprovechamiento del capital humano -aspectos como la retribución variable, que para los expertos fomenta la productividad o la formación y el aprovechamiento de la misma, muy desarrollados en otros ámbitos- no están extendidos en general en las empresas de servicios. También se detecta en muchos casos una sobre-cualificación de los empleados, es decir, que sus habilidades y conocimientos están por encima de las exigencias del puesto de trabajo, por lo que se está desperdiciando un gran conocimiento y con ello disminuyendo su motivación. Y todo ello acarrea una previsible disminución de la productividad.
Debemos desarrollar las claves para la gestión del talento, una importante vía para el desarrollo de nuestra sociedad. El capital y la tecnología no son los que marcan la diferencia, son los recursos humanos con todo lo que conllevan: compromiso, cualificación, capacidad de innovación, identificación con los objetivos de la empresa, etc., etc.
El esfuerzo colectivo que se requiere debe ir encaminado a un gran pacto económico y social con el que consigamos salir de la crisis, o al menos lo intentemos, con el que volvamos a generar riqueza y se potencie a los trabajadores como los auténticos motores de las organizaciones. El único modelo sostenible de desarrollo en el futuro estará basado en las personas, el talento y el capital humano.
Guillermo Garrón Montero
Consultor de Griker Orgemer