Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    22 de mayo de 2012
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COACHING
Última actualización 08/04/2011@09:42:39 GMT+1
José Manuel Arribas
"Mayday, mayday, mayday… nos fusionamos", fue el mensaje que recibió por teléfono Pedro Paramio de un antiguo coachee, Julio Fernández de los Monteros, con el que había estado trabajando en un proceso dos años antes y que ocupaba el puesto de CFO en una multinacional española del sector consumo.

Tras una breve conversación donde nuestro coachee relató de manera breve y concisa, como era habitual en él, la situación, decidieron que lo más óptimo sería quedar esa tarde y poder analizar juntos los hechos y cómo afrontarlos.

Julio acudió puntual a la cita, en cierto modo su situación en este proceso no era incómoda, se había establecido que actuara como máximo responsable en el proceso de integración, pero no quería sentirse como Spencer Tracy en el papel del magistrado jefe Dan Haywood en la película ¿Vencedores o vencidos?, sentía que este proyecto llevaba una responsabilidad añadida que era el coste personal que le podía suponer cuando tuviera que tomar decisiones que afectaran a sus compañeros.

Tras una charla informal donde coach y coachee se pusieron al corriente sobre lo que había ocurrido desde que realizaron el anterior proceso de coaching y donde Julio le comentó como había convertido en hábito natural sus actos de escucha y como le había ayudado de forma muy positiva en mejorar su estilo de comunicación, entraron en materia. El reto que traía Julio era muy diferente al de hace dos años, ahora quería que su actuación fuera objetiva, que las decisiones que se tomaran en el seno de la “comisión de integración” fueran lo más equitativas posibles, que los intereses globales de ambas organizaciones no afectaran de manera negativa en los intereses profesionales de los empleados y que él se sintiera cómodo desde el punto de vista personal y profesional con las decisiones adoptadas.

Pedro le repitió las palabras escuchadas, Julio las oyó en silencio y reflexionó en voz alta, en realidad esto no es el objetivo en sí, es más bien una declaración de cómo creo que me gustaría que se recuerde en el futuro mi actuación.

Entonces ¿cuál es tu objetivo? –preguntó de nuevo Pedro–, mi objetivo es (...), Julio reflexionó unos instantes y dijo: “que la integración se haga en el plazo de seis meses y conforme a los criterios reflejados en el documento de fusión”.

Si ese es tu objetivo ¿qué vas a hacer para cumplirlo? –preguntó de nuevo Pedro.

Julio relató los planes de acción sobre los que había estado trabajando durante el día, mientras Pedro escuchaba atentamente lo que le decía y de vez en cuando tomaba alguna breve nota sobre lo que oía. Durante su exposición se produjeron varios silencios, en ellos Julio se repetía mentalmente lo que estaba diciendo, esto le ayudaba a ratificarse o a corregir acciones sobre las decisiones que estaba tomando y le servían de base para continuar con sus planes de acción. Se acordó que en su anterior proceso de coaching había aprendido que cualquier decisión se tomaba mejor desde el silencio, la escucha y la reflexión sobre las palabras que emitía para tomar acción.

Pedro sabía que lo más importante es que Julio encontrara su propia decisión y sacara las conclusiones personales que ello le conllevaba; era importante que Julio se diera cuenta que según las “gafas de observador” que se pusiera le llevarían a actuar de una manera o de otra.

Julio era un coachee aventajado, ya sabía diferenciar los juicios y opiniones basados en realidades subjetivas, de los hechos, basados en realidades objetivas. Ello le ayudaba a afrontar sus decisiones desde una manera más consciente.

Su relato de la situación en la que se encontraba actualmente le llevó a un punto de inflexión, sabía lo que tenía que hacer, cuál era su responsabilidad, incluso su plan de acción tenía un desarrollo lógico, pero se encontraba limitado en su ejecución por algo que hasta ahora no había considerado más que una pequeña china en su zapato y que no le había impedido moverse.

Las resoluciones de la comisión iban a ir más allá de resultados de los estados financieros y de las decisiones económicas necesarias para hacer óptima la fusión. Dentro de su responsabilidad había que emitir dictámenes que afectarían a las plantillas de las compañías y eso le producía cierta inquietud.

Su sensibilidad en los temas que afectaban al personal no se habían manifestado más allá de su equipo directo. Después de su primer proceso de coaching se había convencido de que sus relaciones con ellos habían mejorado si les escuchaba de manera empática. Sin embargo todavía se encontraba desarrollando su nuevo estilo de liderazgo en materia de competencia emocional.

En ese momento fue consciente que la toma de decisiones de la “comisión de integración” debía de contemplar una variable más, manejar de una manera lo más objetiva posible los estados de ánimo e intranquilidad en que estaban las plantillas de ambas empresas, en tanto no se comunicaran los resultados que se desprenderían de su informe.

Decidió hacer una lista de aquellos aspectos de la fusión que iban más allá de los números, tener en cuenta que las decisiones que se iban a tomar debían contener argumentos más amplios que justificar de manera exhaustiva los nuevos ratios y los beneficios económicos.

La fusión según se había comunicado era entre iguales, y atrás quedaban lo ya resuelto sobre dónde se situaban los centros de decisión y de manejo de los recursos económicos. Comprendió que su labor debía enfocarse en cómo poner en marcha los acuerdos de los Consejos de Administración en aquellos aspectos, que para él desde ese momento había determinado como cruciales.

Había transcurrido una hora y media desde que había empezado la sesión. Pedro se había limitado a forzar, con preguntas abiertas, qué era lo que iba a hacer Julio cuando éste le ponía en común alguna reflexión que requería una acción, le empujaba a pensar y decidir sobre los impedimentos que encontraba en sus respuestas y le ayudaba a que él mismo rebatiera y encontrara sus propias respuestas a sus planteamientos.

Al final de la sesión Julio tenía claro que su trabajo en la comisión debía ir más allá de informes económicos y cuentas de resultados. Tenía por delante unos largos meses de trabajo, pero ahora estaba convencido de que podía hacerlo sin entrar bajo el síndrome de “vencedores y vencidos”.

Julio le dijo a Pedro que necesitaba un tiempo para ordenar sus ideas, con lo cual quedaron en verse a la semana siguiente para poder seguir trabajando en el nuevo reto de Julio…
José Manuel Arribas. Es director de Coaching Aplicado en la consultora Personas.
Puede contactar con él en el email: jmarribas@a-persona.com
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