Dice un viejo proverbio “Allí donde llegan las olas, hay chinos” en clara referencia a la historia de la emigración china que tiene una antigüedad de más de dos mil años. Estas líneas no tienen por objetivo hablar de los siete de Zheng He, ni de las migraciones masivas de mano de obra china que iniciadas a mediados del siglo XVIII se prolonga por todo el XIX extendiéndose por lo más remotos confines del planeta, en especial por el continente americano. Herencia se aquellas épocas son los barrios chinos de Manila, La Habana, Lima, San Francisco, ciudad con el primer Chinatown en importancia mundial y a la que las botas, se dirigía un moje Shaolin llamado Kwai Chang Kaine caminando descalzo a través del caluroso desierto californiano. En España, aunque encontramos comerciantes chinos desde comienzos del siglo XX y voluntarios en las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil, no se puede hablar del asentamiento de una diáspora china hasta fechas muy recientes y por ese motivo hay un gran desconocimiento y todavía, fuera del marco de los especialistas siguen constituyendo una “comunidad misteriosa”.
Son muchas las imágenes que los madrileños y los ciudadanos de otras ciudades tenemos de este colectivo pero, podríamos decir, que proceden de dos grandes polos. El positivo, que asocia a los chinos a un pueblo amable y laborioso. Y el negativo, que los identifica como seres malvados y mafiosos. Ambos polos han sido histórica y convenientemente utilizados por los fabricantes de bulos. Aquí, durante la época de bonanza económica, funcionó el primero frente al resto de colectivos emigrantes, a los que se señalaba falsamente de culpables de la saturación de los servicios públicos, se hablaba de la colonia china como emprendedores ejemplares y creadores de riqueza. Ahora que la crisis económica se ceba con los más débiles- que en el sector servicios son los autónomos y pequeños empresarios, especialmente del comercio – corren bulos con el segundo polo. Obsérvese que en el rumor popular quien “no paga impuestos”, “explota a sus trabajadores” o “tiene un tratamiento especial” no es tal o cual persona que puede ser - Qingtian, de Madrid o de cualquier del mundo mundial – sino son los “chinos” como comunidad; ahí tampoco el rumor se hace eco de los establecimientos chinos que cierran impotentes también ante la crisis. Los ciudadanos en general y los medios de comunicación en particular, deben tener en cuenta que ni todos los chinos son empresarios, ni que todos o casi todos los empresarios delincuentes son chinos.
La manera en la que vemos a los otros pueblos procede de ideas que van transmitiéndose culturalmente; miramos a través de la óptica de los prejuicios. Es un proceso normal y ocurre siempre y cuando se mira algo de lo que poco o nada se sabe. Conforme vamos aprendiendo, las ideas preconcebidas dejan paso a una visión más cercana a la realidad.
Las ideas peyorativas de China que pueblan nuestro imaginario fueron, en su mayor parte, creadas por las potencias europeas durante el siglo XIX para justificar las agresiones imperialistas al gigante asiático. Quizás, sin embargo, la idea negativa que con más fuerza en la imaginación popular es la que los chinos como seres taimados y astutos, que viven según sus propias normas, organizadas en sociedades secretas y esta imagen se personaliza en un nombre: Fu Manchú, el personaje creado en 1913 por Sax Rohmer como arquetipo de villano oriental.
En Madrid y en otras muchas poblaciones no tenemos mar pero si río siguiendo sus olas a nuestras ciudades no ha llegado Fu Manchú, sino mujeres y hombres en busca de un futuro mejor, con su saber hacer y sus costumbres, entre ellas, la celebración del Año Nuevo Lunar, el pasado 3 de febrero se inició el año del Conejo, un animal asociado a la empatía.
Brindemos con nuestros vecinos orientales recordando que, más allá de los tópicos, ningún pueblo merece ser criminalizado. Como diría mi amiga Lin : ¡XIN NIAN KUAL LE! ¡GONNXI FACAL!
Guillermo Garrón es consultor en Griker Orgemer.