Resiliencia es un término frecuentemente usado en la física, para referirse a la capacidad de cada material de recuperar su forma original después recibir un impacto o ser golpeado, presionado, doblado, estirado o comprimido. El mismo término referido a la persona se puede aplicar como la capacidad de recuperación después de una enfermedad o de un golpe de la vida, saliendo fortalecido de esta circunstancia adversa. Esto implica un enfoque positivo en el desarrollo de la personalidad.
En términos absolutos, no se puede hablar de que uno es más o menos resiliente que otro, como si se tuviera un elenco de cualidades medibles. Más bien es un desarrollo de capacidades que permiten a la persona adaptarse proactivamente ante el trauma, generando recursos para integrarlo en el proyecto de vida del individuo. Se puede decir que es un desarrollo adaptado para afrontar situaciones que pueden ser de crisis.
El ser humano crece en la adversidad. La dificultad es necesaria en sí misma para el desarrollo, de tal manera que éste no existiría a falta de contrariedades porque no aprenderíamos a moldear la respuesta adecuada. No es buena la actitud generalizada actualmente de evitar a toda costa el sufrimiento, porque esto no ayuda a un desarrollo maduro. Si solo vemos en la dificultad la cara negativa del sufrimiento, lo apartaremos radicalmente de nuestra vida y de las vidas de nuestros hijos, pero ese camino es el mayor riesgo para hacernos muy vulnerables, sin respuestas ante los retos que nos depare el futuro.
Ante cualquier acontecimiento adverso podemos actuar, reflexionar, compartir y cambiar. Podemos elegir un nuevo camino para rehacernos. El ser humano es inteligente y sabe crear el espacio para convertir la crisis en oportunidad siempre que tenga presente la esperanza de futuro. Si no cree que puede hacerlo nunca lo intentará.
Los psiquiatras hoy vemos con preocupación la vulnerabilidad psicológica que padece gran parte de la sociedad al no saber afrontar los conflictos de la vida y en paralelo también observamos un crecimiento progresivo de los llamados Trastornos de la Personalidad entre los pacientes que acuden a las consultas, lo que ha disparado el interés por este tema entre los profesionales de la salud.
Son las paradojas de nuestro tiempo: hemos aprendido a ser vividores, pero no a ser felices; conquistamos el espacio exterior, pero no el interior; tenemos casas más grandes pero menos familia; estamos continuamente conectados y virtualmente llegamos al fin del mundo, pero no sabemos comunicarnos con quien tenemos al lado. Un amigo me decía, hay mucho en el escaparate pero poco en la bodega.
Las enfermedades mentales evolucionan con los tiempos y las distintas culturas. Hoy día, nuestra sociedad se ha hecho muy narcisista y hostilmente competitiva. Se nos impone el éxito a cualquier precio, un triunfo vacío de contenidos morales, y esto es el caldo de cultivo ideal para el desarrollo de muchas patologías psíquicas y en concreto de los Trastornos de la Personalidad.
Si este tipo de conflictos están en un crecimiento preocupante, podemos concluir que algún elemento perturbador está alimentando el proceso. Algo parecido a lo que pasa con las epidemias, cuantos más individuos enferman más fácil es el contagio.
Los Trastornos de la Personalidad se diagnostican a través de los síntomas clínicos que están bien determinados en los manuales que recogen los criterios de la Academia Americana de Psiquiatría (DSM-IV-TR) y de la Organización Mundial de la Salud (CIE-10)
Estos criterios se ven acentuados en la sociedad actual, que nos somete a una intensa inestabilidad personal, social y laboral, por lo que podríamos decir que los Trastornos de la Personalidad son la enfermedad psicológica de más prevalencia en el siglo XXI, junto con el estrés y la depresión.
Una sociedad que se ha desarrollado al máximo científicamente, pero que no pone los límites entre lo conveniente y lo inconveniente para el ser humano, careciendo de criterios objetivos, lleva a sus ciudadanos, sobre todo en edades adolescentes, a una ambivalencia que contribuye a crear problemas de identidad, vacío existencial y conductas límites, que los hacen entrar en conflicto consigo mismo y con los demás.
Cuando se nos pregunta a los psiquiatras si este problema “tiene curación”, se nos plantea un fondo de tensión porque habría que contestar “depende” de muchas cosas: del enfoque del terapeuta, de la actitud del paciente, de la cooperación de la familia, del entorno social… por tanto, unos van a responder mejor que otros. No hay una respuesta clara, diáfana, que calme las inquietudes.
Yo he centrado mi atención clínica, desde hace más de diez años, en el estudio de los Trastornos de la Personalidad, plenamente convencida de que muchos pacientes se cronifican en su patología de origen y en su desajuste de conducta, debido a que no se diagnostican adecuadamente, y tampoco se trata el fondo patológico de la personalidad inmadura subyacente y si la estructura está dañada, y permanece así, desemboca en una cronificación de la psicopatología.
Nuestro proyecto en la Fundación Humanae es crear un equipo profesionalmente cualificado que salga al paso de estos conflictos y pueda aportar un buen diagnóstico y la ayuda terapéutica necesaria para superar estos momentos de crisis, de difícil solución si no se cuenta con el consejo profesional.
En esta línea, para los próximos años hemos puesto en marcha, un programa estructurado de desarrollo de la propia Resiliencia, basado en las capacidades que tiene el ser humano de descubrir sus propias fortalezas frente a los conflictos y la adversidad para crear el espacio necesario de aprender a ser felices, sabiendo que en gran medida la felicidad se basa en tener una buena relación con uno mismo y con los demás
Decía Thibon que la vocación es tener por oficio la propia pasión. Quiero compartir con vosotros mi pasión por curar los problemas de nuestra sociedad para ayudar a que sean más felices cada uno de sus individuos.

| Dra. Rafaela Santos Psiquiatra de la Fundación Humanae Presidenta de la SETEPT ( Sociedad Española de Especialistas en Estrés Postraumático) Sobre Fundación Humanae Fundación Humanae (www.fundacionhumanae.org) es una organización sin ánimo de lucro fundada en 2004 por profesionales de la psiquiatría y psicología, que nace con tres objetivos principales: 1) cubrir el vacío existente en el tratamiento de los Trastornos de la Personalidad y otros problemas psicológicos y sus consecuencias en el ámbito familiar; 2) acercar la psiquiatría al individuo, quitar el “estigma” que en la sociedad puede suponer el acudir a ayuda especializada en este campo, por medio de una atención integral (farmacológica, psicológica y social) y 3) ayudar al Desarrollo Personal ofreciendo las herramientas necesarias y el seguimiento personalizado para lograr una personalidad resistente frente a las dificultades de la vida. . |