Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    21 de mayo de 2012
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Última actualización 11/02/2011@13:08:51 GMT+1
Jesús Gabriel Gutiérrez
Entiendo que el poder tiene estructura de cebolla: hay una capa que se ve a primera vista. Luego hay otras capas que no se pueden ver si no vas quitando una por una.

La primera capa es fácil de quitar; la segunda, no tanto; y las que están en el centro de la cebolla, ni te cuento. Son tan difíciles de quitar que si quieres ver el núcleo de la cebolla la tienes que cortar por la mitad, y eso es como matarla o hacerle la autopsia.
El poder que se ve a primera vista es fácil de definir. En cambio, el núcleo es más difícil, el último en poderse ver y captar, el más secreto. El núcleo de esa cebolla es el poder real. Es posible que el núcleo del poder consista en llegar a ver quién es uno en realidad, más allá de sus apariencias, profesiones, premios, licenciaturas, currículos, creencias, totems y tabúes.
Sin embargo, puesto que estamos aquí, cada uno de nosotros está, todavía asistiendo a su cebollidad en función de la capa que puede experimentar, comprender o manifestar en este momento.
Si alguien cree que el poder es algo que se ejerce hacia o sobre o ante la vista de los demás, es que todavía está en alguna de las capas más exteriores. En cambio, quien piensa que el poder es sobre uno mismo, se habrá dado cuenta de la dificultad que tiene. Al final, el verdadero poder es saber morir, saber renacer, saber escoger, saber enfermar, saber sanar, saber amar, saber soltar...

La cumbre de las decisiones tiene en los temas de salud la prueba de fuego. Vivimos en un mundo temeroso de la enfermedad, del dolor y de la muerte. Debido a esta negación, la salud ha quedado en manos de la ciencia médica que, con todos mis respetos para ella, interviene e influye de forma fulminante sobre la voluntad de pacientes y familiares.
Por ejemplo, en otras culturas, cuando el anciano decide dejar de comer, respetan su decisión y no le intentan medicar o comer el coco. Aquí, sin embargo, el grado de intervención de lo médico es tan alto que ha llegado a eclipsar la filosofía del enfermo.

Por eso, creo que el verdadero poder tiene su prueba del algodón cuando un tema grave de salud nos concierne como enfermos o como familiares de enfermos. Así pues, tal y como a día de hoy lo entiendo, el poder es la capacidad para comandar la propia vida según una filosofía personal flexible e integradora y no permitir que otros, incluso los médicos, monopolicen o intervengan sobre mi discurso hasta el punto de eclipsar mi propia opinión.

Jesús Gabriel Gutiérrez es AstroManager Personal.

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