Te imaginas a una persona que casi ronda los cuarenta, que no tiene hijos ni nietos, sea de las primeras en acercarse al lugar de paso de la cabalgata para coger un sitio en primera fila. Esa soy yo; aunque a decir verdad, por mucho que me apresure, siempre llegan las mamás y los papás llenos de niños que te piden un sitio para que sus pequeñuelos puedan ver pasar a sus majestades y además poder alcanzar los caramelos que tan certeramente, te lanzan ellos y sus pajes y que son causantes de no pocos cardenales en tu cara.
En definitiva, puedo afirmar, a mí me gusta la Navidad; pero hay una cosa que no me gusta de estas fechas tan mundialmente aceptadas como entrañables y productoras de felicidad. Lo que no me gusta, es la hora de planear, decidir y comprar los regalos. Siempre me siento incapaz de haber acertado, no es cosa del dinero que pueda a este efecto dedicar. La verdad, es que no es tarea fácil lograr un acierto pleno. A veces, es más difícil que el que te toque la lotería; por cierto, otro gran efecto multiplicador de la Navidad.
Me paso horas dándole vueltas a la cabeza, muchas más de escaparate en escaparate, pero todo me parece difícil. Una vez porque no son adecuados los colores de las prendas que compro –la bufanda no cuadra con el gorro, los guantes son horribles, esta prenda no es de hombre y se la he comprado para un amigo, este modelo ya no se usa, él no bebe y le has comprado un catavinos porque te gustó nada más verlo y un largo etcétera-.
En otras ocasiones, las más, porque la talla es muy grande, lo que me lleva a bochornos tremendos al comprobar la desmesura de mi estimación y ver la cara del amigo o familiar que me pone cuando recibe la prenda. Estoy segura de que piensan que les veo más gordos de lo que son, que de nada le han valido los esfuerzos en el gimnasio o las odiosa dietas para que yo, tonta, no lo note. Aunque no sé si es peor que ocurra lo contrario; si compras una prenda pequeña, el homenajeado deduce que lo haces porque piensas que esa debería ser su talla y no la que realmente usa. He llegado a pensar que ese es el origen de los cheques regalo tan de moda hoy en día, para que aquellos sufridores de malos ratos se puedan acercar a la tienda, no a cambiar la prenda por otra cosa, sino porque le faltan dos tallas.
Otra cosa peor, si cabe, es comprar cosas que no cuadran con nada de lo que tenemos en casa. Chismes inservibles, que además parece que los has comprado en un rastrillo, con el consiguiente desprecio hacia la persona regalada y, por supuesto, con una bajada en el grado de la consideración que tú puedas tener para esa persona.
Por todo ello, me dolía la cabeza solo de pensar que se aproximan esas fatídicas fechas, en las que de nuevo me veré obligada a darle vueltas y vueltas porque otra vez ha llegado la Navidad.
Es muy corriente escuchar que si tienes un problema, acudas a Internet, lo suelo hacer con cierta normalidad cuando busco información sobre temas culturales, adquisición de billetes baratos, lugares de ocio recomendados y cosas por el estilo. Pero nunca pensé que allí también podría encontrar la solución a mis problemas navideños y lograr de este modo, que no solo me fuera rentable mi inversión, sino además de reducir mis tiempos de pena y zozobra, poder acertar con mis regalos. Por suerte, buscando otro tipo de información entré en una página Web donde te orientan en asuntos profesionales pero también en los personales. Albricias, grité, aquí me podrán AYUDAR, sí, con mayúsculas; porque para mí esto significaría una gran ayuda.
Ávida de interés, buceé entre sus contenidos y, al fin lo encontré. Un servicio de Personal Shopper donde no solo te pueden orientar en el asunto de los colores y formas que se adaptan a tu personalidad, sino que además te informan de cómo te debes maquillar, peinar y qué productos usar. Pero lo que más me ha sorprendido es que si no tienes un elevado grado de orientación se te acompaña en tu aventura compradora para ti mismo o para aquellos a los que quieras obsequiar con una simple descripción de sus gustos, orientaciones o preferencias.
Por fin lo logré, esto es lo que estaba buscado durante mucho tiempo y gracias a sus apoyos y orientaciones, no solo he podido cambiar mi estilo personal, sino aprendí la combinación de colores y prendas de forma general. Por ello, quiero terminar esta líneas cambiando el título por el de QUÉ BIEN, YA ESTÁ AQUÍ LA NAVIDAD.