Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    21 de mayo de 2012
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HUMOR AL DÍA
Última actualización 11/02/2011@09:13:52 GMT+1
Guillermo Garrón
No me gusta recibir mensajes en el móvil felicitándome la Navidad y el Año Nuevo. Sus textos suelen ser un tanto horteras y empalagosos como los discursos de los políticos en campaña electoral. Otros intentan ser graciosos mediante el fácil recurso a lo grosero, lo que todavía es peor. Además, me imagino que el emisor los está escribiendo durante la cena o la subsiguiente tertulia familiar: todos reunidos en torno a la mesa y muchos de ellos prestando atención bien a la pantalla de televisión o a la del teléfono, tecleando de manera frenética y violando ese momento tan íntimo.

El problema es de gran magnitud. Se calcula que durante la pasada Nochevieja se enviaron en España cien millones de mensajes de texto. Si excluimos a los abuelos, no tanto a las abuelas y nietos de corta edad, podemos concluir que cada compatriota emitió dos o tres sms y recibió otros tantos. El padre o la madre, la tía, el cuñado pendientes del aparatito de marras, y los abuelos pegándole al turrón, con cara de circunstancias e intentando aplacar los ímpetus juveniles de los nietos, que no paran de saltar sobre el sofá porque nadie les hace ni caso.

Me gusta, sin embargo, recibir tarjetas navideñas por correo postal. Mejor si se acompañan con una participación para la lotería de Navidad (o del Niño, si al remitente se le han echado las fechas encima). Eso sí, recalco, tarjetas navideñas, esas de cuyo visionado puedes extraer algún detalle que te permita intuir que lo que produce alegría es el nacimiento del Niño Jesús. No esas otras que podrían servir para anunciar los próximos Juegos Olímpicos de Invierno, una promoción inmobiliaria en alguna estación de esquí o que ha llegado las rebajas a ese centro comercial.

Me gusta también ver la película basada en la novela “A Christmas Carol” de Charles Dickens, para certificar que mister Scrooge se vuelve bueno y generoso un año más. Me ayuda a pensar que, a pesar de la que está cayendo, sigue habiendo esperanza para construir entre todos un mundo mejor. Y hace algunos años me gustaba ver Polar Express de Robert Zemeckis, para decirles a mis hijos y nieta que, a pesar de la edad, sigo oyendo la campanita en la Nochebuena. Y me gusta la cabalgata y la noche de Reyes, y me sigo levantando en la mañana del seis de enero para encontrar ese regalo inesperado, el que no estaba en la carta que, por supuesto, sigo escribiendo y echando al buzón real.
Para mí el año empieza con el concierto de Año Nuevo desde la sala Music Verein de Viena, es que las composiciones de la familia Strauss trasmiten alegría y optimismo como debe ser en estas fechas.

La Navidad también tiene su sitio en la red de redes. El buscador Google propone más de treinta millones de enlaces relacionadas con ella. De todos ellos voy a rescatar dos que gustan en mi familia y se los voy a ofrecer a modo de presente navideño:
http://www.aciprensa.com/navidad, donde se podrá encontrar muchísima información sobre el sentido de la Navidad y http://www.navidaddigital.com, en la que se puede hallar villancicos, imágenes navideñas, belenes, recetas de cocina y una interesante colección de enlaces con temática navideña dentro del apartado miscelánea. Que todos vosotros los visitéis con salud y buen humor

¡¡FELIZ NAVIDAD E INMEJORABLE 2011!!

Guillermo Garrón es consultor en Griker Orgemer.

 

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