Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    21 de mayo de 2012
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LIBROS

Los trágicos últimos días de un nuevo pobre

Última actualización 07/12/2010@12:24:19 GMT+1
Asís Arana
"A pesar de la prudencia y humildad que me embargan al ser consciente del colosal desafío al que me enfrento, también me he armado para hacerlo de una sólida fe en mi analítica capacidad de autocrítica. Y es que me apresto con este libro a abordar uno de los temas más controvertidos de comienzos de siglo, que no es otro que el que hace referencia al pijo y su hábitat natural, es decir, Neguri".

No obstante, para ello habríamos de enfocar la cuestión desde su raíz. Porque a ver, ¿qué es realmente un pijo?, o lo que viene a ser lo mismo, ¿hasta qué punto nace o se hace un auténtico pijo? Y lo más importante, ¿qué temibles consecuencias se derivan de dicha fenomenal afec(ta)ción?

Queridos lectores pijos (si hay alguno que no lo sea, mis disculpas pero, francamente, no sé qué demonios haces leyendo esto, si bien te doy la bienvenida no obstante a nuestro singular universo), estaréis todos de acuerdo conmigo en que son cuestiones estas que a cualquier pijo que se precie le han mantenido en vela durante muchas noches de sesudas e insondables reflexiones. Por otra parte, son además asuntos que están emparentados directamente con otros de controversia incluso más abismal e insoluble. Porque no me queda más remedio que admitir que un servidor no puede parar de interrogarse acerca de infinidad de delicadísimas materias. Apuntaré sólo algunas de forma preliminar para definir el marco delimitador del estudio. ¿Es un pijo capaz de sufrir sin fingir? Y habiendo nacido como lo ha hecho sin conocer el término necesidad, ¿podría un pijo marcarse metas, es decir, autoimponerse a título personal desafíos que vayan más allá de bajar de hándicap, tales como…?

Bueno, es igual, ahora no se me ocurre ninguno pero ya me entiendes, hablo a nivel de hipótesis. Me refiero a que los pijos siempre hemos sido tenidos por personas frívolas e insensibles al sufrimiento ajeno, además de rematadamente egoístas e insolidarias (aunque eso sí, a cada uno lo suyo, irresistiblemente elegantes). Pues bien, yo creo que en realidad todo eso no es más que envidia camuflada, ya que en realidad lo que esos miserables detractores de la margen izquierda son incapaces de admitir, es que su insensibilidad para comprender hechos tan obvios como la inconstitucionalidad de la imposible combinación escarpín blanco/mocasín, les hace sentirse terriblemente fútiles y desdichados. Y no les culpo, de verdad. Es más, aunque sólo sea para esto, incluso me solidarizo con ellos.

Dejar claro que mi intención con este ambicioso volumen, a caballo entre el ensayo y la novela hagiográfica, no es arrojar luces esclarecedoras sobre cuestiones tan esencialmente abstrusas como las apuntadas, sino sencillamente constatar la enorme complejidad y la gran vastedad de consecuencias prácticas que se derivan del asunto. O lo que es lo mismo, ¿se pude ser de izquierdas y preferir el bridge al mus?, ¿puede un pijo no acomplejado de serlo vestir siempre de negro?, ¿es factible que un pijo toque auténtico rock n’ roll, o acaso no es ésta más que otra burda forma de intentar maquillar sus inconfesables complejos de niño mimado? Por no hablar de, de lejos, el enigma más intrincado de todos ellos: queridísimo Álvaro de Marichalar, si me estás leyendo… ¿se puede saber de una santa vez a qué coño te dedicas aparte de a pulular en moto acuática por mitad del océano? Porque no sé, puestos a ser un poco puñeteros, también me pregunto, ¿es posible ser el campeón de algo cuando en dicha competición existe un único competidor? En fin, estarás conmigo en que, a bote pronto, no son cuestiones nada fáciles de responder…

Vemos aquí sobreimpresionada la instantánea de Eugenio de Meditamendi y Coburgo, tras recibir la devastadora noticia de que el menos arruinado de sus abuelos acababa de pasar a peor vida (me temo que por mucho que exista Dios, ni en el mismísimo Paraíso Celestial se podía ganar en bienestar).

Sobre el autor:

Asís de Arana y Aguinaga nace en Bilbao el 14 de junio de 1974, en el seno de una familia pija y acomodada hasta niveles que flirtean con la obscenidad (si bien, lamentablemente para él, las cosas ya no son lo que eran; vamos, es que nada que ver). Se licencia en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Deusto, tras lo cual acudirá de vez en cuando y durante dos años a las oficinas de un banco americano de negocios de Madrid (hablar de trabajar me ha parecido igualmente obsceno). Tras dicha agotadora experiencia seudolaboral le ofrecen un puesto en Chile y se va a hacer las Américas, como ejecutivo en una empresa española.
Esta aventura no durará mucho (como nada de lo que Asís finge emprender en su vida), porque su agotamiento es aun mayor (si cabe), y sus verdaderas inquietudes, es decir, la música, escribir, y reflexionar horizontalmente sobre inanidades, le hacen replantearse su misión en la vida (la cual, medita, puede que incluso sea inexistente).
Asís rompe entonces con todo (lo cual, a decir verdad, tampoco es que fuera demasiado), y realiza un largo viaje en solitario por Europa. Es entonces cuando escribe su primera novela “Diario cabizbajo de un pelmazo vocacional” (creo que el título es suficientemente gráfico en cuanto al estado de ánimo que Asís manejaba por aquellos días). Después se trasladará a Honduras para trabajar algún tiempo como involuntario en la Fundación Alferhogar, donde empieza ya a perpetrar su segunda novela, “El mañana prometido” (un mañana que, por otro lado, Asís sigue esperando al día de hoy como agua de mayo).
De vuelta en Europa, obtiene una beca para desarrollar en Ámsterdam una tesis doctoral acerca de los modelos económicos del capital intelectual aplicados a las organizaciones sin ánimo de lucro. Durante ésta época igualmente agotadora, y a pesar de ser incapaz de entender una sola palabra sobre aquello que también finge estudiar, Asís combina su febril actividad académica con la literaria (la cual, puestos a ser francos y precisos, no podría calificarse de febril en modo alguno).
Tras escribir su archiconocido, apasionante y conmovedor bestseller “Cuando fui skin” (Editorial Planeta: si no lo has leído todavía, ya puedes salir pitando para comprarlo en tu librería o en la de quien haga falta), Asís se asocia con el protagonista de este escalofriante relato, Eugenio de Meditamendi y Coburgo, con el fin de escribir la singular historia de este último. A pesar del ferviente odio que desde siempre se han profesado (se robaban mutuamente el bocadillo cuando estudiaban juntos en el colegio Gaztelueta), fundan así la editorial Qué tal Todo, a través de la cual publican la magistral obra que ahora nos ocupa.
No obstante lo anteriormente apuntado, Eugenio no tardará en dejar de compartir con Asís la dirección de la compañía, al ser incapaz de sobrellevar el insostenible nivel de estrés al que le acabará abocando su- obviamente también febril- nivel de inactividad.
En cuanto a Asís, en la actualidad está de febril retiro espiritual en los viñedos familiares, pensando en si ponerse a pensar o no sobre si lanzarse a escribir o no su siguiente novela, Word$.

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