Una triste realidad Cuántas veces hemos escuchado en la empresa cuando una mujer directiva demostraba sentimientos de enfado, de tristeza o de indignación “...déjala, está histérica...”. Evidentemente los hombres no podían estar histéricos, dado que histérica viene de la palabra útero, cualidad inimitable por el hombre.
Estos comentarios tantas veces oídos, fueron haciendo mella en la mujer directiva y la llevaron en muchos casos a no manifestar emociones en la empresa y a adoptar comportamientos de aparente frialdad, aceptados por el masculino ambiente. Estos comportamientos duales, pueden haber ocasionado en la mujer directiva cierta esquizofrenia al tener que simular y reprimir sentimientos en su ámbito profesional, los que posteriormente se desbordaban en su ámbito personal.
Ahora gracias a las investigaciones realizadas por Goleman se ha detectado, que el 90% del éxito del liderazgo depende de la Inteligencia Emocional, lo que quiere decir que las competencias emocionales resultan especialmente importantes en el campo del liderazgo, y esas competencias incluyen entre otras cosas, cualidades típicamente femeninas. Este hallazgo sitúa a las mujeres en una posición mejor respecto a los hombres en las funciones directivas.
Causas de fracaso en los directivos
Según las investigaciones realizadas, algunas de las causas de fracaso en los directivos radican en mostrar hacia sus colaboradores relaciones muy pobres, críticas severas, insensibilidad o exigencias exageradas, poca empatía, baja sensibilidad, exceso de agresividad y arrogancia. Estas causas de fracaso son comportamientos tradicionalmente mostrados por los hombres, que son quienes han ocupado mayoritariamente los puestos directivos.
La ineptitud emocional de los jefes consume tiempo, genera roces, desalienta la motivación y el compromiso, fomenta la hostilidad y la apatía, en suma, provoca un menoscabo en el rendimiento laboral de los trabajadores.
La Inteligencia Emocional demuestra que las competencias emocionales en el directivo tienen el doble de importancia que las aptitudes meramente técnicas o intelectuales.
La Inteligencia Emocional y las competencias emocionales
La Inteligencia Emocional es la capacidad de comprender nuestras emociones y las de los demás y gestionarlas de forma eficaz modificando el pensamiento asociado, para que nos ayuden a conseguir nuestros objetivos o mejores resultados. La Inteligencia Emocional puede ser aprendida a través del desarrollo de las competencias emocionales que incluye:
- Competencias personales: se refieren al modo en el que nos relacionamos con nosotros mismos, es decir la conciencia que tenemos de nuestros propios estados emocionales, valores, creencias, motivaciones y cómo somos capaces de manejarlos, de tal forma que nos permita actuar de forma efectiva para alcanzar nuestros objetivos con el menor desgaste emocional posible.
- Competencias sociales: que determinan el modo en el que nos relacionamos con los demás comprendiendo los sentimientos, necesidades y preocupaciones ajenas, de tal forma de poder influir en ellos e inducirles a dar respuestas deseables que produzcan resultados satisfactorios para las partes.
Las competencias sociales son las que tradicionalmente se han tratado de desarrollar en las empresas a través de la formación, sin alcanzar en muchas ocasiones los resultados previstos. En mi opinión debido a que es difícil conseguir mejorar los efectos, sin haber trabajado en las causas; es decir, una buena relación con los demás se alcanza de forma natural, cuando previamente se ha conseguido una buena relación con uno mismo, lo que significa haber trabajado nuestra competencia personal.
La mujer y la Inteligencia Emocional
Fisiológicamente y culturalmente la mujer está más capacitada en sus competencias emocionales. Fisiológicamente porque la mujer tiene más desarrollado el hemisferio cerebral derecho, que es el que regula entre otras cosas, las emociones y la intuición; y culturalmente porque a la mujer se le ha permitido en el ámbito familiar, sentir y demostrar sus sentimientos, lo que le facilita ponerse en contacto con sus emociones y expresarlas sin avergonzarse por ello.
Por otra parte, el rol que ha jugado la mujer como madre de familia le ha ayudado a desarrollar también la empatía, la comprensión de los demás, la capacidad para reconocer y gestionar los conflictos aliviando la tensión y llegando a acuerdos que satisfagan a todos los implicados. Todos estos comportamientos en el ámbito profesional se traducen en un conjunto de habilidades sociales como la capacidad de comunicación e influencia, liderazgo, desarrollo de los colaboradores y trabajo en equipo.
Conclusiones Uno de los errores de la mujer directiva en el pasado ha sido imitar los modelos masculinos en su totalidad, olvidándose de su lado femenino. Por ello, si la mujer desea ser una directiva eficaz y emocionalmente inteligente, deberá contactar con sus emociones, escuchar sus intuiciones que le acercan a su patrimonio personal de sabiduría y sensatez y profundizar en la comprensión de las necesidades de los demás para favorecer su desarrollo. En definitiva, la mujer directiva debe valorar su condición de mujer que, por lo visto, le facilita su labor directiva.
Como dijo Paulo Coelho...
Para conocer el destino hay que aprender a descifrar nuestro alfabeto individual. Es un lenguaje donde uno percibe a través de la intuición, es un recorrido que no tiene que ver con la lógica, sino con abrirse a una concepción global de la realidad. Esto implica desarrollar el lado femenino de cada uno, sea hombre o mujer. Y es algo que cuesta, incluso a las mujeres, porque a veces se vuelcan hacia una visión más “objetiva” y masculina de la vida. Pero a largo plazo todos vamos a tener que aceptar este costado "intuitivo”.