Pensar estructuralmente sobre todos estos aspectos es la única forma de no perder detalles que pueden ser clave. Para eso existen los modelos estratégicos, para estructurar, ordenar el pensamiento y así facilitar la posterior y definitiva decisión.
Hace tiempo que se critica la planificación estratégica, incluso en mi entorno cercano, ya que los cambios radicales e inesperados que se producen a corto plazo dejan obsoleta cualquier planificación. Sin embargo, que a veces no se pueda planificar ni a medio ni a largo plazo, no implica que la estrategia o la gestión estratégica estén muertas. Todo lo contrario, se ha convertido, no sólo en imprescindible, sino en un ejercicio casi constante. Si en cualquier momento todo puede cambiar, siempre se debe estar pendiente de los aspectos estratégicos clave, pues ante su cambio -y a ser posible cuanto antes- se debe actuar.
La decisión estratégica siempre ha sido muy difícil y complicada, tiene una connotación de riesgo evidente, ya que esa una decisión “de y sobre” el futuro, siempre incierto y mucho más actualmente por la situación que atravesamos. Este incremento en la dificultad del pensamiento y la decisión estratégica hace que nadie sea infalible, todos podemos fallar, incluso los más avezados gurús y los que pretenden serlo mucho más. Pero el que está abocado a un fracaso seguro es el que no piensa ni actúa estratégicamente. Las empresas que conquistarán el futuro, las supervivientes a la crisis actual, tienen hoy visión, saben dónde quieren ir, pasión, quieren llegar ahí y están dispuestas a superar obstáculos y estrategia, saben cómo llegar…de modo flexible, adaptándose a los cambios.
La empresa que piensa estratégicamente mejor que sus competidores ganará la batalla competitiva por muy superiores que sean sus competidores, por muy elevados que sean actualmente sus recursos. Google no existía hace doce años, Apple estaba al borde la quiebra hace catorce. Hoy son ejemplos de éxito global.
Querido lector piense estratégicamente, es un recurso esencial. No cuesta dinero, pero no hay dinero para pagarlo. Esa es la clave.
Guillermo Garrón Montero. Consultor de Griker Orgemer.