Cuando estás viendo una buena película, crees estar viendo algo real. Te sientes inmerso en la trama de tal manera que sientes que lo que está sucediendo en la pantalla es algo de lo que te sientes involucrado: pasiones, conflictos, amores , situaciones cómicas o trágicas. Cuando, al final, aparecen los títulos de crédito retornas a tu vida, de la que has despegado por unos momentos. Es la magia del cine…
Pero hay otra magia, más perversa, más dañina, más común en el mundo de la empresa y en la política aún poco más. Los que actúan en el mundo de la empresa pensando que están en una película. Alejados de un mundo real, montan un escenario, una trama que no tiene nada que ver con la vida de las personas: sus necesidades, sus deseos, sus condicionantes,… rodeados de conocimientos inservibles, herramientas vampíricas de tiempo y productividad, inercias que nos limitan el sentido común. Los buenos profesionales por ello se van apartando de los dos únicos elementos necesarios en la empresa: clientes y su capital humano, los empleados.
Así se lanzan al mercado productos o servicios que son intelectualmente bellos pero que no tienen ninguna posibilidad de llegar al éxito por no encajar con los deseos y aspiraciones de las personas a las que van destinadas, hacemos campañas de marketing que se olvidan antes de llegar al mercado por no sintonizar con los tiempos, hacemos campañas de comunicación interna que a los empleados les parecen completamente irreales o en muchos casos para proyectos de clientes externos no se pide su opinión, con lo que la ilusión se difumina.
¿Cómo no despegarse de la realidad?. Pasea, observa, habla con tus hijos o sobrinos si los tienes, incluso más que con los colegas, sal del despacho y visita a tus clientes y a sus colaboradores, vuelve de vez en cuando al detalle de los más insignificantes procesos, que te dirán mucho del funcionamiento de la empresa.
En definitiva, hay que volver a la realidad para, desde allí, comenzar a soñar de nuevo. Sobre todo ahora que empezamos una nueva temporada en la que tenemos que ser como mínimo optimistas y creativos ante la realidad que se nos avecina.
Guillermo Garrón Montero . Consultor de Griker Orgemer.