Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    18 de mayo de 2012
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INNOVACIÓN Y CREATIVIDAD
Última actualización 02/12/2010@13:51:41 GMT+1
Jesús Gil de Rozas
Hace 19 años que se publicó por vez primera la novela de Michael Crichton “Parque Jurásico”. Los amantes de este tipo de obras pudieron leer cómo un millonario convirtió en parque temático una isla a la que llenó de dinosaurios devueltos a la vida por obra de la ingeniería genética. Unos años después, Steven Spielberg contribuyó a difundirla por todo el mundo realizando una adaptación cinematográfica.

El llamativo caso de “Jurassic Park”...

Lo que hace tan solo 19 años era una obra de ficción, ahora está a punto de convertirse en realidad. Según ha publicado recientemente la revista Nature, los investigadores C. Schuster y Web Miller de la universidad estatal de Pensilvania (en Estados Unidos de América), ya han recuperado la mayor parte del genoma del mamut, especie extinguida hace más de 10.000 años.

Por otro lado, la idea de poner en marcha un “safari park” como el de la obra de Crichton existe desde el año 2002. En concreto se pensó en la región de Sakha, en Siberia y en los mamuts como atracción principal.

Otro dato curioso es la similitud de la investigación real a la que aparece en la obra de Crichton: como aún no se tiene descifrado más que el 70% del genoma del mamut, una de las posibilidades que se estudian para obtener una criatura semejante sería la misma que se relata en la novela, es decir, usar el código genético de algún “pariente” vivo del mamut como el elefante para reemplazar las partes no conocidas de la cadena genética original. Así, se obtendría un híbrido de mamut en un 70%.

...lleva a preguntarte: y esto, ¿por qué?

Esta conexión es tan evidente, tan directa que parece estar pidiendo a gritos que alguien la investigue. La curiosidad aparece en forma de “y esto, ¿por qué?” y es ahí donde empiezo a plantearme una serie de posibilidades:

a) Hipótesis del visionario: ¿es acaso Michael Crichton una persona con una gran capacidad para visionar el futuro? (como también han podido serlo otros escritores o pensadores: Julio Verne, George Orwell, etc.)
b) Hipótesis del científico-escritor-creador: ¿quizá Michael Crichton era un gran conocedor de investigaciones genéticas y simplemente reflejó en una novela posibilidades que ya se habían formulado en la comunidad científica?
c) Hipótesis de la casualidad: ¿ha sido sólo cuestión de “suerte” o de una afortunada cadena de acontecimientos?
d) Hipótesis de la imaginación-creación: ¿ha influido la obra de “Jurassic Park” en el trabajo de los científicos y/o en el de los promotores de un posible parque temático?

Con toda seguridad puede haber más hipótesis, pero con éstas como punto de partida es más que suficiente, así es que veamos qué se puede obtener investigando acerca de ellas.

Lo que he descubierto sobre Michael Crichton

Buscando en la vida del autor de Parque Jurásico, lo primero que encontré es que estudió Antropología en Harvard y más tarde (en 1969) se doctoró en Medicina y realizó estudios de posgrado en el instituto Salk de Estudios Biológicos en San Diego (California).

Aunque no llegó a ejercer la profesión médica, sí que tenía el nivel de conocimientos suficiente como para que las propuestas de ficción de “Jurassic Park” tuvieran una base científica o fueran verosímiles.

Aún más, entre sus amigos y relaciones contaba con numerosos científicos, con los que podía haber conversado y conjeturado sobre estos aspectos, ya que algunos de ellos eran genetistas.

Al parecer, él era muy respetuoso con el conocimiento científico y siempre quiso dejar muy claro que sus novelas eran tan sólo especulaciones sin una base científica auténtica. Quizá por este respeto, recopilaba gran cantidad de documentación (científica y periodística) antes de escribir para que sus conjeturas de ficción no fueran absurdas sino todo lo contrario: posibles. De hecho es habitual encontrar en sus novelas abundantes datos de carácter técnico.

Otro dato muy interesante es su admiración por el gran novelista escocés Arthur Conan Doyle, y parece evidente que “Jurassic Park” fuera un homenaje o estuviera claramente influido por la novela de Doyle “El mundo perdido” (en la que un grupo de expedicionarios encuentra una especie de paraíso escondido donde los dinosaurios siguen viviendo en nuestros tiempos).

La novela de Crichton tuvo un gran éxito en ventas y no sólo eso sino que fue objeto de debate en círculos científicos (él mismo participó en numerosas conferencias y mesas redondas en distintas universidades y foros). Cuando fue publicada, Crichton ya era un afamado escritor y posteriormente la adaptación cinematográfica hizo que la popularidad de la novela se extendiera a nivel mundial.

Acerca de su supuesta capacidad visionaria, el propio Crichton dice lo siguiente: “... no podemos evaluar el futuro, ni podemos predecirlo. Estos son eufemismos. Sólo podemos hacer suposiciones. Y una suposición bien fundada sigue siendo sólo una suposición”.

Después de investigar a Michael Crichton, me fui formando una idea sobre las influencias de un autor como él en el desarrollo de innovaciones, pero... no me sentí satisfecho y decidí explorar en la vida de otros “visionarios” ilustres.

Julio Verne, H.G. Wells, los viajes espaciales y el hombre invisible

Jules Gabriel Verne es conocido en la actualidad como un prolífico escritor, y considerado como uno de los padres de la ciencia ficción. Muchas de sus obras se tienen como verdaderas anticipaciones a su tiempo: el submarino en “Veinte mil leguas de viaje submarino”, el helicóptero en “Robur el conquistador” y, la más significativa, los viajes espaciales en “De la tierra a la luna”.

Ahora bien, ¿fueron estas ideas producidas por Verne absolutamente novedosas? No tuve que indagar mucho para descubrir que no son ideas originales de Verne ni mucho menos. La primera referencia que se tiene sobre un buque sumergible es la del inglés Guillermo Bourne en 1580, es decir casi tres siglos antes de la obra de Verne. De hecho Robert Fulton diseñó sesenta años antes de que se publicase la novela un submarino bastante avanzado, al que llamó Nautilus (con el mismo nombre que el que tripulaba el capitán Nemo en la obra de Verne -tampoco aquí fue original). Y en cuanto a los viajes espaciales, nos tenemos que remontar al escritor sirio Luciano de Samosata (125-192 DC) que ya relató un viaje a la luna, o a obras más cercanas a Verne como “El otro mundo” (1662) de Cyrano de Bergerac. Con casi toda seguridad, Julio Verne conocía estas obras y se vio influenciado por ellas en sus escritos. Aún más, fue un estudioso de la ciencia y de los inventos de su época, así como un extraordinario viajero y amigo de aventureros, lo que explica que buena parte de su inspiración tuviera vínculos muy directos con tecnologías en desarrollo.

Y, por otro lado, su obra fue muy conocida y difundida ya en vida del autor, hasta tal punto que llegó a hacer una fortuna (con la que pudo financiarse distintos viajes y expediciones). Su novela “De la tierra a la luna” tuvo una difusión aún mayor ya que fue llevada al cine por primera vez en el año 1902.

Julio Verne imaginó de una manera muy concreta cómo realizar un sueño que posiblemente la humanidad tenía desde hacía siglos: viajar a las estrellas. Es posible que sus novelas haya proporcionado ideas o estimulado el deseo de convertir eso imaginado en real, y cuando la técnica avanzó lo suficiente, se pudo hacer tangible. ¿Influyó Verne en el desarrollo de los cohetes espaciales? Su muerte se produjo en 1905, fecha en la que uno de los pioneros del cohete, el también francés Robert Esnault-Pelterie, tenía 25 años. Unos años más tarde este joven piloto e investigador presentó una ecuación en la que calculaba las fuerzas requeridas para que un cohete alcanzara la luna.

Sin duda, Verne fue un inspirador pero tuvo que ocurrir un desarrollo técnico muy importante para que los viajes al espacio se hicieran realidad. Y ¿cuáles fueron los impulsores de este interés? La política y... la guerra.

Fue en Alemania con motivo de la 2ª Guerra Mundial donde se dio el mayor impulso a la técnica de los cohetes a través de un ingeniero llamado Wernher von Braun. Sus avances hicieron posible la creación de las llamadas “bombas volantes” V-1 y V-2. Al finalizar la guerra, las que serían las dos próximas superpotencias vieron la importancia de los cohetes (combinados con el desarrollo de armas nucleares) e invirtieron enormes recursos. El miedo a la superioridad del otro bando fue el estímulo perfecto para ello. Von Braun trabajaba para los norteamericanos desde el final de la guerra y propuso en varias ocasiones un programa espacial, pero su elevado coste no tuvo apoyo hasta que fue asociado con poner en órbita satélites espía. Fue a partir de entonces cuando comenzó la “carrera espacial” entre rusos y norteamericanos.

El “caso Verne” fue bastante esclarecedor para mí. Pero también me interesaba mucho la figura de H. G. Wells porque tenía algo distinto: sus “profecías” aún no se han cumplido.

Herbert George Wells nació en 1866 y desde muy pronto se sintió atraído por la ciencia, vinculándose a distintas asociaciones, revistas y clubs de debate. Es el autor de distintas novelas con tinte profético como “La máquina del tiempo”, “La guerra de los mundos” o “El hombre invisible”. Era una persona muy interesada en la evolución social de los países y en los avances tecnológicos. Aunque ninguna de sus visiones se ha cumplido aún, es indudable que su influencia inspiradora tiene una gran fuerza.

En relación con una de sus novelas, ¿qué ha ocurrido con la invisibilidad? Son ya muchos los años que se llevan desarrollando sistemas que hagan “invisibles” a los ejércitos más avanzados. Es un sueño de cualquier estado mayor poder contar con aviones o buques invisibles a los ojos del rival y desde los años 60 se han puesto en práctica lo que se denominan “tecnologías furtivas” para no ser detectados por los radares enemigos. Se han probado formas y materiales que minimizan o absorben el “eco” producido por los radares. Sí, está bien pero... no es la invisibilidad de la que habló Wells. Una noticia reciente llamó mi atención: las universidades de Liverpool y Marsella trabajan conjuntamente en la aplicación de las teorías de John Pendry para crear “metamateriales” que serían invisibles a través de nanotecnología. ¿En qué consiste esto? Para explicarlo de forma sencilla se puede decir que la superficie de un “metamaterial” no refleja la luz, y por tanto no devuelve información visual sobre sí mismo, es decir, crea una “capa” de invisibilidad.

Coincide además que en la novela de Wells, el fundamento técnico sobre el que se produce la invisibilidad del personaje protagonista es el mismo: una fórmula para alterar el índice de refracción de la luz de los objetos.

Y ¿qué decir sobre algo aún más fantástico como los viajes en el tiempo? Pues en los últimos años se han producido importantes avances: Ronald Mallet, un físico estadounidense, presentó en 2006 un prototipo de máquina del tiempo basado en la teoría de la relatividad, y un año más tarde el físico israelí Amos Ori presentó un modelo matemático para ello. Las valoraciones de los científicos implicados en estos avances no hablan de si será posible o no viajar en el tiempo (que lo dan por cierto) sino cuándo se producirá este hecho. ¡Ah! otra cuestión en la que están de acuerdo es que sólo se podrá viajar hacia el futuro, pero no al pasado.

¿Qué conclusiones se pueden extraer de todos estos datos?

Antes de pasar a las conclusiones veo necesario hacerse una pregunta: ¿acaso todas las obras de ciencia ficción tienen influencia en lo que después se inventa o desarrolla?

Evidentemente no. Son muchas más las que no lo hacen que las que lo consiguen. Las razones son muy simples:

  • El “éxito” que la obra haya tenido en su momento.
  • La difusión por distintos medios: literatura, cine, prensa, etc.

Sin embargo muchas obras desconocidas han servido de inspiración a autores que sí han tenido fama o reconocimiento. Si tienes una buena idea “futurista” y escribes una novela sobre ello puede que no te lean más que algunos aficionados al género, pero si alguno de estos es también escritor y utiliza tu idea, es posible que su obra tenga éxito e influya en futuras innovaciones. En definitiva, es el momento de extraer conclusiones y contrastar las hipótesis planteadas. Las claves que he podido encontrar son éstas:

  • Imaginar lo que no existe. Más que anticipar o prever el futuro, diría que determinadas personas tienen la capacidad de imaginar algo que no existe en determinado momento. A veces son “sueños” propios del ser humano (como volar, viajar a las estrellas, vencer las enfermedades, etc.), a veces son especulaciones sobre lo que puede ocurrir (colonizar otros planetas, la “psicología” de los robots, implantes cibernéticos, etc.). Lo importante es que al imaginar algo no evidente se empieza a abrir un campo de posibilidades que no existía.
  • La atracción de las ideas como proceso creciente de difusión. Las ideas o imaginaciones “futuristas” van difundiéndose y acaban creciendo y tomando forma, si bien esto puede ocurrir incluso durante siglos a través de autores y pensadores diversos. ¿Qué imaginaciones tienen más éxito? Es difícil de decir, pero supongo que tendrán más posibilidades aquellas que reflejan miedos, limitaciones y deseos profundos del ser humano. En este proceso de “construcción” la fantasía produce un efecto de atracción sobre otros autores, inventores o científicos y cada uno va aportando nuevos matices de manera que se va precisando cada vez más. Algunas obras tienen más éxito y son más conocidas, pasando a formar parte del “conjunto de imaginaciones colectivas” y estimulando la imaginación de otros.
  • Tecnología próxima a realizarse. Los avances científicos y técnicos tienen que llegar a un punto en el que alguien pueda vislumbrar que realizar aquella fantasía imaginada tiene posibilidades de éxito. En ese momento suele surgir algún escritor muy próximo a los conocimientos científicos, o un científico muy próximo a las imaginaciones futuristas, que establece la conexión y plantea un “escenario viable”: es el momento en el que, por ejemplo, se sugiere que se pueden clonar especies extinguidas a partir de ADN encontrado en fósiles.
  • Apoyo político, militar o económico. El desarrollo de muchas de las ideas imaginadas sólo ha podido hacerse cuando se ha visto un beneficio político, militar o económico. Desde las máquinas de asedio de Leonardo da Vinci hasta el teléfono de Bell, los recursos para hacerlas realidad han necesitado de mecenas, estados o corporaciones. Por la misma lógica puede suceder lo contrario. Hace bastantes años que circula el rumor de que las compañías petrolíferas han paralizado el desarrollo de motores basados en combustibles diferentes a los derivados del petróleo. Demostrarlo debe ser difícil, pero desde luego la sospecha no es descabellada ni mucho menos.

La imaginación de realidades que no existen es el primer paso que el hombre da para cambiar el mundo. De alguna manera “inventamos” nuestra realidad a partir de lo que soñamos o con lo que fantaseamos. La denominada “ciencia-ficción” hace en parte esa labor.

Por ello cuando el pesimismo sobre el presente lleva a imaginar obras como “Gattaca” donde la genética determina nada más nacer cuál va a ser tu trabajo, tu posición social y tu vida, o “Neuromancer” en la que grandes corporaciones utilizan la tecnología y el ciberespacio como una nueva “droga” para una población vacía y adicta; puede ser que poco a poco se vaya construyendo una realidad parecida a esa (¿acaso nos suena esto tan “lejano”?).

En algunas partes del mundo empiezan a pensar en la “ciencia-ficción” como un elemento a tener en cuenta en el desarrollo de la “imaginación colectiva”. La universidad de Liverpool (sí, la misma en la que se trabaja en un proyecto de “invisibilidad”) ha creado una Fundación para la Ciencia Ficción, con los propósitos de promover su escritura, lectura e incluso estudio y enseñanza (www.sf­foundation.org).

Por mi parte, creo que necesitamos obras de “ciencia-ficción” que imaginen futuros en los que vivir sea un reto maravilloso y no algo aberrante. Seguro que se venden menos, pero abrirán más campos de posibilidades a que nuestros hijos vivan en armonía con sus semejantes y con el medio ambiente, y no entre rivales, escombros o nubes ácidas.

Jesús Gil de Rozas Díaz. Es director de Creoma Creatividad e Innovación.
Puede contactar con él en el e-mail: jesus.gilderozas@creoma.com.

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    47 | Henrique - 19/01/2011 @ 20:10:02 (GMT+1)
    Me pareción superinteresante el articulo y extraje información para un trabajo
    gracias
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