Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    18 de mayo de 2012
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EMPLEO
Última actualización 30/12/2010@12:47:50 GMT+1
Mª José Larríu Chueca
Ya han pasado casi diez días de la huelga, de la huelga que pasará a la historia por cumplir con los servicios máximos de pre-aviso: MESES. “No dirán que no fuimos advertidos”.

Esta “fauna madrileña” en la que me toca vivir y convivir, me ha permitido aprender y ver unos tipos de “actitudes” y perfiles, cuando menos curiosos, y algunos diferentes a otras huelgas. En esta movilización se encuentran “gentes” como:

El pelota
Existe en cualquier empresa. Es fácilmente distinguible. Sonríe cuando está con superiores. El pelota es aquel que repitió desde tres días antes lo complicado que iba a resultar asistir al trabajo y como siempre recalcó su esfuerzo por ir a trabajar.

El jeta
Es una especie que prolifera en grandes organizaciones y empresas que todo lo soportan. Es aquel que llega, enciende el ordenador, va a por el café, charla, pasea, lee el periódico. Lo mismo que hizo el día de la huelga. Fue a trabajar para que no le descontaran el salario y para no perder privilegios.

El convencido
El convencido de la huelga tiene que ser afiliado a un sindicato que, por convicción y obligación, considera que es la expresión máxima de la conquista del proletariado. Aunque suene a Manifiesto, quien ha tratado con sindicatos y sindicalistas, sabe que es así. Le restarán salario, pero la causa lo merece.

El impedido
Es el damnificado de la huelga porque no puede llegar a trabajar por los piquetes o por temor y, como no llega, no cobra. El gran perdedor. Por no decir que es el más necesitado. Su pareja ya está en paro.

El indignado
En Madrid recientemente hubo una huelga que impidió a muchos el acceso al trabajo y a otros muchos, si no impidió, al menos dificultó. Y para colmo cesaron las protestas el día del orgullo gay. Flaco favor a la fiesta. Los gays hubieran preferido poder ir a trabajar entre semana.

El no huelga
Es aquel que va a trabajar porque siempre va a trabajar. Así, nos encontramos con motivos tan dispares como el que no tiene otra cosa que hacer, el que huye de su pareja, el que evita cuidar de sus niños, el que no soporta su casa… buf qué charco… mejor cambio.

El liberado
No sabemos, a ciencia cierta, cuántos son. Pero existen. Sobre este tipo sólo cabe decir que son los privilegiados que creen, que pueden y cobran. Mejor no ahondar.

El parado
El parado no hace huelga porque no tiene trabajo. Puede ir a la “manifestación”. El parado no conforme no puede manifestar su rechazo, ni pudo poner Telemadrid, que estaba en huelga. Así que más le valió pensar en buscar trabajo.

En víspera de la huelga, la semana pasada pensaba en mi moto aparcada al día siguiente en pleno centro de Madrid, mientras los piquetes pasaban y temblaba. Porque yo por mi moto mato… Hoy sólo pienso que cambio moto por trabajo, aunque sea yendo en Metro.

Mª José Larríu Chueca. Periodista.

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