Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    18 de mayo de 2012
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Última actualización 14/07/2010@13:15:45 GMT+1
Colby Price.
En uno de sus últimos informes, Eurostat, la oficina europea de estadística, revelaba que España se encuentra a la cola de los países comunitarios en cuanto a aprendizaje de lenguas extranjeras, sólo por delante de Hungría y Portugal. De acuerdo con el estudio, un 46,6% de los ciudadanos españoles admite no conocer un segundo idioma, frente al 36,2% de la media europea.
Pregunto a amigos y compañeros cuál es, en su opinión, el porqué de esta carencia de idiomas, y muchos me dan respuestas que me hacen pensar en un debate científico muy importante: nature vs. nurture. Básicamente, la cuestión es: ¿eres como eres por la genética (nature - naturaleza) o por tus padres y las experiencias de tu vida (nurture - criar)? Digo esto porque hay muchos españoles que creen que existe alguna particularidad en su ADN que les impide aprender inglés, que es genéticamente imposible que un español hable bien inglés.

“Mira a mis colegas holandeses o noruegos, ¡esos sí que no tienen el gen! Es que la vergüenza es parte de nuestro disco duro colectivo”.

Todo esto, cuando yo creo que es justamente al revés. Hay muchos factores ambientales que, a lo largo de la vida de los españoles, han hecho muy difícil el hablar bien esta lengua. Es algo que suelo llamar “la tormenta perfecta”. ¿Por qué estáis a la cola? Triunfáis en el deporte, en el cine, en el arte, en la cocina, ¿qué os pasa con los idiomas?

La explicación hay que empezar a buscarla en los colegios. Primero, hasta cierta época, se impartía francés en vez de inglés. He tenido muchos alumnos que han cambiado de idioma ya con sus añitos y terminados los estudios. Hay un punto donde antes se hablaba francés y después empezaron con el inglés. ¿Bien, no? Sí y no, porque aquí viene el problema número dos: cómo se enseñaba. Durante muchos años, el método de enseñanza del inglés era como el de cualquier otra asignatura. Es decir, memorizar mucha teoría, machacar tablas de verbos y regurgitar todo en el examen final, sin la oportunidad de poner en práctica todo lo aprendido. Aunque es un problema que se está arreglando con los colegios bilingües, hay muchos niños que se han perdido los mágicos años en los que es posible aprender un idioma de manera natural: escuchando, repitiendo y aprendiendo las cosas en su contexto.

Además, cuando una palabra en inglés entra en el léxico diario ocurre habitualmente una de estas dos cosas: se pronuncia en español o se utiliza de manera diferente a la original. Incluso se inventan términos que parecen ingleses, pero no lo son; footing, por ejemplo, no existe ni en Estados Unidos ni en el Reino Unido.

Si miramos a nuestros vecinos portugueses, ellos han hecho algo muy inteligente, que es subtitular en vez de doblar sus películas y series angloparlantes. Hay muchos jóvenes portugueses que, por este simple hecho, pronuncian bien el inglés. España tiene la desventaja de contar con la que quizás sea la mejor industria de doblaje del mundo. Es verdad que ahora tenemos la opción de poner muchas películas y programas en inglés con el dual, pero no hay nada mejor que la obligación de ver contenidos en su versión original. El ser humano es vago por naturaleza y pudiendo elegir después de un día largo y duro…

El idioma español tampoco ayuda. Según qué estudio se consulte, es la tercera lengua más hablada en todo el mundo. Es posible moverse sin problemas con el castellano. ¿Dónde vas con el danés o el finlandés? ¿Y cuántas personas han ido a Brighton o Dublín para estudiar inglés y se han encontrado con veinte mil españoles? O a Nueva York, Miami o el sureste de los Estados Unidos, donde hay una importante comunidad hispana. Yo he visto la diferencia de aprendizaje entre dos alumnos, uno de los cuales se fue a un pueblo perdido de Inglaterra y la otra a Londres; el chico que eligió el pueblo mejoró su inglés diez veces más, mientras que la chica compartió piso con una compañera de Burgos y otra de Móstoles.

No es de extrañar, entonces, que los españoles os dejéis intimidar en una reunión internacional, con gente de varios países a los que se les ha enseñado bien desde pequeños y, por lo tanto, llevan ventaja. Pero no hay que caer en ese círculo vicioso, en el que os calláis cuando vuestros compañeros alemanes, belgas y franceses hablan inglés mejor; así no practicáis y por eso no mejoráis. Y ahora menos que nunca, cuando el Plan Bolonia abre las puertas a la movilidad de estudiantes, docentes y profesionales, y el dominio del inglés es ya un requisito imprescindible para acceder a determinados puestos de trabajo.

Ante este reto, no sirven píldoras milagrosas. Con dedicación -algo que falta a veces-, determinación y paciencia, junto con las medidas que se están tomando (más colegios bilingües con un enfoque más práctico, más becas, más movilidad en Europa…), España irá poco a poco saliendo de la cola. El inglés es aún una de las asignaturas pendientes de nuestros profesionales y, aunque la base adquirida en gramática durante los años escolares es sólida, es necesario dar el salto, despojarse de complejos y aplicar en un contexto real todo lo aprendido.

Con esta filosofía nace, en el año 2001, Pueblo Inglés. ¿Su objetivo? Facilitar, a través de programas de inmersión lingüística, el perfeccionamiento del inglés sin necesidad de viajar fuera de España. De esta forma, varias aldeas de nuestra geografía se han convertido en verdaderos enclaves angloparlantes donde el uso del castellano está totalmente prohibido. La primera fue Valdelavilla, en Soria, y a ella le siguieron La Alberca y Aldeaduero (Salamanca), Cazorla (Jaén), Pals (Gerona), Candeleda (Ávila) o Els Avets (Lleida).

En estos entornos privilegiados se reúne durante ocho días a veinte españoles y veinte angloparlantes llegados de todo el mundo (Estados Unidos, Canadá, Irlanda, Inglaterra, Escocia, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica…), con diferentes acentos, profesiones y edades. Durante más de 15 horas al día, los alumnos practican su inglés, en situaciones y con temas de conversación reales. Es fundamental que sean capaces de expresar ideas y opiniones sin miedo a equivocarse; aunque puedan cometer leves errores gramaticales, la ayuda de los angloparlantes les permite autocorregirse, al tiempo que sus conversaciones ganan en fluidez y coherencia.

Jornada completa de inmersión en inglés

El pasado mes de septiembre, Brian Bolles, coordinador de programas y maestro de ceremonias de Pueblo Inglés, cumplía seis años y medio al frente de estos programas, aunque su primer contacto fue hace ocho, cuando participó como anglo en uno de ellos. “Después del primer día en el programa me di cuenta de que todos estábamos un poco extrañados al principio, con esa curiosa mezcla de edades, profesiones y experiencias, pero al final nos hicimos todos muy amigos”.

“Calculo que habré realizado unos 75 programas. Empecé como maestro de ceremonias (MC). No es lo que se piensa al principio por el título… no hacemos ceremonias religiosas ni nada similar”, bromea. “Mi responsabilidad era llevar al grupo a todas las actividades, dirigiéndoles a cada paso para saber qué actividad íbamos a hacer, cómo y por qué. También me encargaba de crear el ambiente de entretenimiento por las noches, organizar presentaciones y preparar grupos para pequeñas obras de teatro… Todo en inglés para los sufridores españoles. Fue un reto total para mí, pero encajaba a la perfección con mi experiencia anterior relacionada con grupos y con la comunicación”. En la actualidad, continúa con su papel de maestro de ceremonias, pero también es director de programa y se ocupa de otros aspectos relacionados con la logística, para que todo esté a punto a la llegada de los participantes.

Desde el primer momento, coincidiendo con el desayuno, los participantes inician un viaje en inglés en el que conocen gente, hablan por teléfono, salen con amigos, hacen representaciones improvisadas, hablan de negocios, sueños, retos… “¡Y todo empaquetado en sólo un día! Cada jornada es como una noche de tapas… sabores para todos y un ambiente que no quieres terminar temprano”.

“Las actividades que consisten en hablar por teléfono (sin poder ver, por tanto, la cara y los gestos de los interlocutores) o en escuchar a tres o cuatro angloparlantes hablando a la vez con su jerga particular durante cualquier actividad social son las más duras para los participantes”, comenta Brian. “Preparar una presentación también es siempre difícil, y hacerlo en otro idioma aún lo es más. Además, tienen muy poco tiempo para organizar las ideas del tema y practicar la expresión oral. La ventaja que tienen los españoles es que pueden usar su tiempo one to one con los anglos para clarificar conceptos y practicar; conocen las expresiones más correctas y aportan muchas buenas sugerencias”.

Entre las actividades que más gustan a los alumnos se encuentran “las conversaciones en grupos de cuatro o cinco, con temas sugeridos y niveles controlados. Así se puede hablar en un ambiente más tranquilo de temas muy interesantes. Otra actividad muy divertida (que también supone un reto frente al “miedo escénico”) es la organización de pequeñas obras de teatro o representaciones improvisadas. En algunos casos, trabajamos con guiones reales y, en otros momentos, improvisados con la dirección del maestro de ceremonias y la ayuda de algunos anglos que echan una mano a la hora de hacer su papel con el vocabulario, la pronunciación y la entonación correcta, de manera que los nativos puedan entender una situación imaginada. Afrontan el reto con mucha timidez, pero con una actitud de “tengo que hacerlo”, aunque al final se sienten compensados por las risas que comparten con todos y por el aplauso del público que ve las representaciones”, explica.

Gracias a esa inmersión, aumenta la confianza de los participantes, y el segundo o tercer día están totalmente implicados en las conversaciones y actividades. “Es muy duro al principio, y así lo avisamos a todos los españoles. Para ellos, supone tirarse a la piscina con gente que, además, sólo entiende inglés… Pero después de un poco de splish-splash, rápidamente se dan cuenta de que sólo hace falta relajarse para mantener la cabeza un poco por encima de la superficie y poder respirar bien sin ahogarse. Claro, poco a poco tienen que sentirse más cómodos para aprender a controlar sus brazos y piernas y empezar a nadar. También les hablo muchas veces a los participantes de que este programa es como una montaña rusa. Hay que sujetarse bien, dejarse llevar y seguro que así salen airosos de las curvas altas y bajas”, nos cuenta. “Yo creo que todos, el equipo y los participantes, notamos de alguna forma u otra cuándo el ambiente empieza a relajarse. Para lograrlo cuanto antes, siempre intentamos hacer cosas que mezclen sentido del humor con temas interesantes, manteniendo el ánimo para todos. Por momentos, el ambiente es muy jovial y, en otros momentos, nos ponemos un poco más profundos y serios, reflexionando sobre cosas reales de la vida pero desde muchas perspectivas, gracias al variado origen de los participantes: un ingeniero de Burgos y un experto de telecomunicaciones de Boston, un director de Cataluña y un técnico de Chesterfield, Inglaterra…”

Después de tantos programas a sus espaldas, Brian acumula multitud de experiencias, recuerdos y anécdotas. “Siempre se producen momentos divertidos cuando los españoles están intentando superar la barrera del entendimiento de un acento particularmente complicado, como el de Escocia o Texas. O cuando una persona tiene miedo escénico y, sin embargo, se sube al escenario, se transforma y hace reír a todos. O cuando un participante vuelve después de haber estado hablando por teléfono con un anglo y con una sonrisa en su cara exclama: “¡He podido entender muy bien toda mi conversación!”

Para él, “uno de los momentos más gratificantes lo protagonizó un español que no quería hacer su primera presentación (durante el programa, cada participante debe hacer dos). Los nervios le traicionaron y no consiguió transmitir nada, sólo una mezcla de palabras. Se sentía humillado. Sin embargo, para la segunda presentación realizó un enorme esfuerzo, nos quedamos todos impresionados del cambio. De repente le salió una confianza desconocida, incluso para él. Tanto fue así, que el último día quiso dar las gracias a todos en público y no pudo evitar que se le saltaran las lágrimas por haber superado esa barrera personal. En ese momento todo el mundo compartió el orgullo del trabajo bien hecho y se dio cuenta de cómo habían colaborado en ese éxito colectivo. Eso efectivamente es lo que es Pueblo Inglés… Siempre “more than English”.

De la misma opinión que Bolles son algunos de los participantes que han acudido a los más de 400 programas que Pueblo Inglés ha realizado desde 2001.

Éste es el caso de Chus del Río, director de Producto e Innovación de Prisacom, quien decidió participar en Pueblo Inglés por la misma razón que ha impulsado a otros cientos de directivos a pasar por el programa. “Era una necesidad profesional. En la era global cada día es más frecuente que las relaciones profesionales se hagan en inglés”. En su opinión, la diferencia fundamental entre el aprendizaje por inmersión respecto a otros sistemas de aprendizaje es que “tras una semana conviviendo en inglés, entendía mucho más y era capaz de hablar mucho mejor; una evolución que no había notado con otros métodos”.

La palabra clave de esa evolución es confianza. “A medida que pasan los días, se gana en confianza porque se comprende mejor, y eso mismo hace que también tu expresión mejore”. Además del aprendizaje del idioma, para Chus resultó muy positivo el aliciente de convivir con personas de distintas nacionalidades.

El inglés puede cerrar y abrir muchas puertas profesionales. Esta frase, tantas veces repetida, ha sido una constante en la trayectoria de Silvia Flórez, Channel Sales Manager de RIM-Blackberry. “Cuando me llamaba algún headhunter, yo siempre le decía que, antes de que me contara nada, tenía que explicarle que no sabía inglés”. Sin embargo, no fue una mala experiencia con el idioma sino un libro el que le dio el empujón definitivo para superar esa barrera. “Un día, después de leer el libro de Álex Rovira, La Buena Suerte, me di cuenta de que, si yo hacía todo lo posible por superar esa traba psicológica y me proponía aprenderlo, seguramente algún día tendría que dejar de explicar que yo no sé inglés”.

También, cómo no, ayudó la motivación, pues Silvia tiene “un proyecto personal y profesional en África, que me obliga desde noviembre a trabajar en inglés”. Su ilusión fue tan grande que decidió hacer un Executive Master, un programa de nueve meses de duración que incluye dos estancias en Pueblo Inglés. Confiesa que combinar trabajo y estudios fue muy duro, pero no tiene dudas en cuanto al resultado. “He mejorado muchísimo, también a la hora de construir las frases me siento más segura; en general he avanzado bastante, pero también creo que he puesto mucho de trabajo personal”.

El objetivo que animó a José María Guillamón, jefe de la División de Planificación y Desarrollo Ambiental de AENA, a apostar por Pueblo Inglés fue “mejorar el dominio del inglés, dado que en muchas ocasiones, por las características de mi trabajo, tengo que participar en congresos de carácter internacional donde ése es el idioma utilizado”. Para él, que optó en este caso por el Máster en Inglés Profesional de Pueblo Inglés, “lo más significativo de la inmersión fue que al segundo día piensas ya en inglés”. Hasta entonces, su aprendizaje había sido completamente autodidacta y, afirma, “sin duda alguna, advertí una notable mejoría a la hora de entender, que para mí es la parte más difícil del idioma, y adquirí mayor confianza en mí mismo para mantener reuniones con interlocutores angloparlantes”.

Colby Price. Es Learning & Training Manager de Pueblo Inglés. Puede contactar con él en el e-mail: cprice@puebloingles.com.

 

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