Desde un punto de vista complejo y global podríamos definir el desarrollo profesional de una persona como el proceso que permite a lo que ya existe en ella mostrarse a los demás, incrementarse, progresar y crecer. Luego no basta únicamente con la adquisición e incorporación de nuevos conocimientos y habilidades.
El desarrollo profesional toma así una doble vertiente de trabajo:
- Sobre lo que ya soy como individuo y traigo conmigo
- Sobre las nuevas habilidades y conocimientos que voy adquiriendo.
Esta doble vertiente de trabajo para el desarrollo profesional no son caminos separados, pues ambos corren unidos, pero mientras en la segunda a través de las necesidades de la organización es fácil planificar acciones con el objeto de adquirir esas habilidades y conocimientos, en la primera no lo es tanto al no poder actuar en un sentido estricto de acumulación.
La predisposición y la adecuación de cada persona a adquirir nuevas habilidades y conocimientos no es la misma, más allá del hecho genético diferencial en cada uno de nosotros, las diferentes vivencias y situaciones personales hacen que enfrentemos la realidad desde diferentes ámbitos, la interpretamos de manera diferente, y eso hace que seamos más o menos proclives a unas acciones u otras.
Es, en este sentido donde cobra fuerza el análisis de la los anclajes profesionales, o anclajes motivacionales de cada persona, con ello no solamente conseguiremos un mejor alineamiento entre persona y puesto sino que potenciaremos el compromiso mutuo entre individuo y puesto o función, haciendo la inversión en desarrollo eficiente y rentable.
Hoy, siguen siendo muchas las organizaciones que tienen ciertos reparos a la hora de invertir en el desarrollo profesional de sus profesionales en campos no técnicos o no ligados directamente con la necesidad concreta detectada, todo por el riesgo de fuga que ello puede conllevar. Sabemos que la falta de confianza lleva a una ruptura del compromiso y a potenciar la posibilidad de esa tan temida fuga. Entramos en el terreno del desarrollo profesional como elemento de retención del talento.
Trabajar sobre la vertiente personal del profesional, teniendo en cuenta los anclajes motivacionales nos permitirá dar la oportunidad de desarrollo adecuada a cada uno, fomentando con ello el compromiso.
El hecho de tener en cuenta la visión que la persona tiene de su carrera profesional desde su particular percepción de la realidad que le rodea y que le influye, mejorará las oportunidades de la organización a la hora de rentabilizar las inversiones en desarrollo, no sólo por la generación de un mayor compromiso sino también por un ajuste de los planes de desarrollo a las necesidades empresariales.
“el desarrollo profesional parte desde el individuo, y es la función de recursos humanos la que lo canaliza hacia las necesidades de la organización”
No sólo los anclajes motivacionales de cada persona son importantes, también juegan un papel fundamental los valores sobre los que cada individuo los sustenta. Al igual que una organización, de manera estratégica, define sus valores y su visión, las personas también lo hacen, aunque éstas en un marco intuitivo al no disponer de herramientas que se lo permiten.
Es por todo ello de vital importancia, ayudar a nuestros profesionales en el autoconocimiento de sus valores y de sus anclajes, principios sobre los que se basará la construcción del desarrollo profesional. Es así como podremos tener la certeza de estar aplicando programas de desarrollo profesional que generan un mayor compromiso con la organización, a través de la generación de mayor confianza en sí mismo.
En esta certeza, podremos dar un paso más, fomentar el traspaso de las barreras que suponen las paredes de la organización y que en multitud de ocasiones provocan procesos de desarrollo endogámicos que empobrecen la función directiva, ya que el enriquecimiento personal se nutre en el tiempo del paradigma corporativo establecido.
La posibilidad de que los líderes de la organización interaccionen con la sociedad, representen la marca empresarial y creen la suya propia, siempre y cuando su desarrollo profesional se encuentre en el marco de las propias necesidades personales enlazadas con los de la organización, sólo representa ventajas de innovación, creatividad, de lucha contra la rutina y de evitación de la resignación.
El desarrollo profesional no sólo cobra sentido en el concepto de carrera profesional sino también en el campo de lo evolutivo, todo dependerá de cómo sea la persona. En cualquier caso, carrera o evolución en una organización tiene siempre un punto de ruptura, bien porque la organización así lo determina en razón de su situación o estrategias o bien porque la persona así lo siente en relación a su situación o intuición. En esos momentos el hecho de haber abordado el desarrollo profesional desde un punto de vista personal y no sólo empresarial también aporta ventajas y no sólo al profesional. Los procesos de desvinculación son siempre menos traumáticos cuando el daño para ambas partes es minimizado siendo la relación marcada por el incremento de la empleabilidad de los directivos la que hará que ese momento pueda planificarse con el menor coste posible.
En conclusión, el desarrollo profesional es un proceso que debe partir desde el individuo, apoyándole la organización en la definición de sus valores y anclajes para posteriormente aplicar el crecimiento o la ampliación de las habilidades y conocimientos que ambas partes necesitan, ello fomentará el compromiso y la confianza en ambas partes posibilitando el proceso de creación de marca personal y la dotación de mayor empleabilidad, hecho que cerrará el ciclo de relación de manera más adecuada y beneficiosa.
Javier Martín de la Fuente
Consejero Delegado
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