Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    18 de mayo de 2012
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LIDERAZGO Y MOTIVACIÓN
Última actualización 27/01/2010@12:01:36 GMT+1
Jaime Ros Felip

 “No me importa tanto la situación límite como tu reacción ante ella”

Todos vivimos directa o indirectamente situaciones críticas en los últimos tiempos. El ejemplo de algunos nos dan claves para no desfallecer. Presentamos historias de tres personas que están cerca, aquí al lado, que han reaccionado o están reaccionando con formas de hacer que puede ser bueno analizar.
Cuando se escribe con intención de publicar se intenta aportar a través de proyectos que se han vivido, soluciones que demuestran determinado valor, aportaciones conceptuales que permiten interpretar de formas diferentes las mismas realidades de siempre, datos de mercado que ayuden a realizar fotografías de una realidad, etc.

Pero pocas veces se da paso a situaciones personales, a historias de profesionales reales. Hoy nuestro teclado quiere hablar de esto, de tres personas que han estado o que están entre la espada y la pared, en una situación difícil y comprometida. Su forma de reaccionar frente a estas situaciones adversas puede convertirse en pautas que hoy en día tienen su lugar bien acreditado.

Hoy alzamos la copa en señal de reconocimiento, ya que a pesar de la dureza de la situación que están viviendo, amarran bien la toalla a su cintura y se niegan a arrojarla.

Y vamos a utilizar sus reacciones como fuente de beneficio, intentando construir con ellas una referencia que pueda ser de utilidad. Al fin y al cabo, hablamos de “mejores prácticas”, ¿no?

Vamos a utilizar el siguiente esquema, que nos permitirá ubicar las respuestas de estos tres profesionales y profundizar sobre ellas al finalizar la narración de sus tres historias.

Jamás pensé que lo que temía, ocurriría

“El riesgo de apostar y crear, está en perder y destruir. La ventaja es mucho mayor”

Con estas palabras, llamémosle Juan aunque no sea su nombre real, se refería a su trayectoria en un arrebato de rabia que procedía de no querer dejar que un pensamiento entrara en su cabeza: “Te has equivocado desde hace años.”

Su gesto sorprendía. Aunque la angustia asomaba en su cara por medio de unas crecientes ojeras y arrugas de agotamiento, el brillo de sus ojos y esa sonrisa inagotable transmitían la profunda convicción de que debía luchar y que en su lucha, jamás debía dejarse llevar por un equívoco sentimiento de error. Él creó su compañía hacía 10 años, la llevó alto, un equipo numeroso llenó durante mucho tiempo esas paredes que ahora estaban vacías. La producción fue siempre intensa, con muchos errores, es cierto, pero con una continua voluntad de mejora que a veces, demasiadas, se vestía el traje de apagafuegos.

Pero todo se vino abajo. Su sector, muy sensible a las situaciones de crisis económica, experimentó una caída drástica de negocio y se llevó por delante a muchas empresas. No fue de las primeras, aguantó con uñas y dientes, pero al final, la empresa de Juan también fue barrida por la crisis. Uno tras otro, los profesionales fueron saliendo dejando al frente a algunos valientes que aguantaron hasta el final. La empresa se cierra, conseguir liquidez a través de la venta de equipos, concurso de acreedores, notificación a clientes, una segura deuda personal que acompañará a Juan durante años.

-¿Qué piensas hacer? –Le pregunto buscando en mi cabeza alternativas para ayudarle. -Lo que sé es lo que no voy a hacer –me responde con decisión–. No voy a terminar como esas paredes vacías. No voy a dejar que lo que me ha servido para conseguir diez años de negocio se pierda. No voy a cruzarme de brazos esperando. No voy a dejar de lado a mis clientes, intentaré encontrarles alternativas. No voy a dejar pasar un día sin ganar aunque sea un pequeño tramo a este desierto que me espera. –Calla durante unos segundos y continúa– Ahora bien, por las noches, sí, por las noches dejaré que el agobio me atragante.

Necesito volver a sentirme fuerte

“Una caída tras tantos años al frente del navío, no es un fracaso, es una alerta”

El caso de José, por llamarlo con algún nombre concreto, no es una rareza y probablemente no esté provocado por una crisis económica de mercado, aunque ésta puede haber acelerado el proceso indirectamente.

Varios años de continua exigencia superados con empuje y entrega, han terminado rompiendo el cascarón del barco. Las vías de agua han inundado las bodegas y el navío ha necesitado recalar en puerto para reparar los daños.

-No sé qué me ha ocurrido. Todo se ha derrumbado y mi cabeza no responde como debiera -su gesto es abatido, triste, cansado-. Me preocupa haber dejado la empresa en un momento tan complejo, con toda la gente en ella esperando soluciones, me preocupan mis hijos pensando en qué le ocurre a su padre… Me preocupa saber si voy a tener fuerzas para volver o si quiero realmente volver.

Él habla con toda su honestidad. Su carácter reservado limita a unos pocos la oportunidad de escucharle. Pero cuando habla, lanza su franqueza reconociendo que necesita ayuda, que él sólo no puede. Y por eso se pone en manos de otros, les abre su supuesta debilidad y se entrega a sus recomendaciones y apoyo, buscando una rápida reparación del barco.

-¿Cómo te encuentras? –han pasado ya varias semanas-. Mejorando poco a poco, pero mejorando.

Su expresión vuelve a vestirse de gestos que recuerdan al José de antes. 

-Estoy aprendiendo cosas importantes de mí mismo –continúa con un renovado ánimo-. Tardé demasiado tiempo en darme cuenta de que tengo mis límites y los sobrepasé. Voy recuperando las ganas para poder enfrentarme a todo lo que tenga que venir. Probablemente un camino distinto al que me ha llevado hasta aquí.

Su sonrisa está volviendo a ocupar su lugar. Me dice en un susurro: lo mejor que he hecho en este trance es dejarme ayudar.

Mi lucha más importante acaba de empezar

“El verdadero valor se encuentra cuando lo fundamental está en juego”

-No sé si podré soportarlo. Me quedo sola… las tres niñas van a perderle. Él se larga… ¿cómo voy a salir adelante?

Los sollozos de Julia, su nombre para este artículo, nos llegan entrecortados a través del auricular del teléfono.

Un mes después, él se ha ido ya y los trámites de la separación se han iniciado. Julia sabe que tiene que sufrir, sabe que a partir de ahora tendrá que superar muchos baches profundos.

Meses atrás sufrió un despido provocado por la reestructuración de su anterior empresa. Ocupaba un puesto directivo y junto con otros compañeros que la precedieron y siguieron después, abandonó la empresa con el temor a no encontrar trabajo en un sector tan castigado como el suyo. Pero tenía el apoyo de su marido. Tres hijas pequeñas llenaban de vida los rincones de la casa y de necesidades económicas también.

Su fuerza y la historia que había conseguido crear con proveedores y clientes le trajeron al poco tiempo su nueva oportunidad: directora Comercial en una empresa del sector. Varios meses después, se suma a este cargo la responsabilidad de una nueva dirección. Dos meses después, inicia la separación.

-Me queda todo por delante –nos dice mientras acaricia la cabeza de una de sus hijas– pero ya me he puesto en marcha. Decidí dibujar los pasos que debía dar para no desorientarme. En mi empresa ya conocen la situación, he renegociado los horarios, en casa también he trazado lo que debo hacer…

No se trata de que vaya a conseguirlo, ella sabe que ya lo está consiguiendo. A los que nos conoce nos vuelca su angustia y su dolor, pero su fortaleza está por encima de todo porque sabe por quién debe luchar.

“Nuestros comportamientos encierran Mejores Prácticas, si las unimos obtenemos modelos que pueden sernos útiles en momentos límite”

De la misma forma que la era de la información dio paso a la del conocimiento, actualmente se está comprobando que la era de las ‘mejores prácticas’ está dando paso a una nueva forma de valor, la construcción de modelos a partir de ellas que permitan obtener criterios adecuados para guiar nuestra forma de enfrentarnos a las situaciones que vivimos.

En este caso, en el que nos adentran nuestros tres protagonistas, hablamos de situaciones límite. Algo, por desgracia, muy habitual en estos tiempos y de muy compleja solución. Son épocas cargadas de dramatismo y grandes dificultades profesionales y personales, que llevan a muchos a no saber cómo o a no poder salir del “hoyo”.

Nuestra intención con el artículo no es dar una solución mágica, por supueso que no, ya nos gustaría poder hacerlo, sino extraer un sencillo modelo que ayude en algo, quizá en poco, pero que aporte algo de visión en unas circunstancias que todo apoyo es bienvenido.

Utilicemos el esquema final para completarlo con la aportación de las tres historias y con otros elementos que proceden de otras muchas situaciones.

Jaime Ros Felip. Es socio director de Cincorazones.
Puede contactar con él en el e-mail: jaime.rf@5razones.es.

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