Y qué decir de los periódicos, la sorpresa que encierran sus páginas, el aroma y las manchas de tinta fresca, esas lecturas compartidas en la oficina o en la propia casa, las pilas de ejemplares atrasados que se acumulan en cualquier rincón, los recortes guardados para mejor ocasión y que nunca hay tiempo para leer. Y en formación, el material en papel, nos sirve para hacer las acotaciones pertinentes, garabatear para hacer más llevaderos la pesadez de los textos y del ponente, sin olvidar los cuadros y esquemas, que con la pretensión de clarificar y sintetizar lo expuesto o escrito, nos hacen discurrir un poco más…
Pero a pesar de todo ello, no queda más remedio que admitir que la batalla está casi totalmente perdida, por no decir del todo. Resistirse al libro electrónico, a la prensa digital, la videoconferencia y a la formación on line; como lo fue en su momento hacerlo contra el móvil, el DVD o el correo electrónico.
Todos conocemos a alguien, o nosotros mismos, que tiempo atrás juró o perjuró que jamás haría uso de algunos de estos inventos y hoy casi daría la vida por no perderlos. Bien es cierto que aún no se han convertido en objetos de consumo masivo, pero la suerte está echada. Los fabricantes han decidido que este es el año de estos artilugios y han apostado fuerte para su distribución a gran escala y calculan que las próximas Navidades el libro electrónico será uno de los regalos a tener en cuenta, y en cuanto esté lo suficientemente extendido, los contenidos masivos no tardarán en llegar, y a partir de ese momento, quién más quién menos –siempre que se sea amante de la lectura o de los “gadgets” o de ambas cosas-, tendrá el suyo.
Por tanto desengañémonos, no seamos nostálgicos ni ultramontanos, de los que creen que hay cosas que no pueden ni deben cambiar; pues la suerte está echada. Piense querido lector de estas líneas, que trate de recordar, desde cuándo no escribe una carta o cuánto tiempo hace que no usa su colección de discos de vinilo y de las cintas de casete, aunque estos nos recuerden que tiempos pasados siempre fueron mejores o casi.
¿Quiere esto decir que desaparecerán los libros impresos, los periódicos de papel o las actividades formativas presenciales? Evidentemente que no, pero ocurrirá algo similar a lo que sucede con la fotografías digitales, que se imprimen sólo las que más gustan o que se desee enmarcar, mientras que el resto se conservará en un CD -aunque su futuro también es incierto- o en una memoria flash para verlas en la pantalla del televisor o en el ordenador.
Echemos un vistazo a nuestras estanterías de nuestras bibliotecas y analicemos cuántos de nuestros libros, una vez leídos, no nos importaría perder de vista. Está claro que todos deseamos conservar determinados ejemplares, colecciones, enciclopedias, ediciones especiales; estos como el resto, muy bien podríamos conservarlos en formato digital, en la memoria de un e-book reader, que puede permitir irnos de vacaciones con cinco o más libros cargados en este lector, sin necesidad de llevarlos físicamente en el equipaje y estar pendientes siempre de no extraviarlos. Lo mismo o parecido se podría decir de los cursos en tiempo y lugar,
No, no hay que dramatizar, no es el fin del mundo. ¿Se nos pasa por la cabeza que hoy en día tengamos que utilizar aquellos gigantescos misales o los libros de arte, o las horas medievales? Al fin y al cabo, lo importante de un libro o de cualquier publicación es el contenido y no el continente. Y en lo referente a los periódicos o las revistas especializadas, pues tres cuartos de lo mismo; su supervivencia de momento, pese a la crisis, está garantizada más allá del soporte.
Nunca antes se había utilizado y consumido tanta información como ahora, y teniendo en cuenta que los medios se dedican a informar y no al papel o la impresión, su continuidad no peligra aunque está por aclarar de dónde provendrán sus ingresos. ¿Se financiarán exclusivamente de la publicidad –como ya ocurre con la radio y televisión- o los lectores pagarán una parte para acceder a los contenidos?
Esa es y no otra, la batalla que ahora mismo se está librando y no la del papel; porque ésta ya está prácticamente perdida.
Guillermo Garrón Montero
Consultor de Griker Orgemer