Training & Development Digest On-line :: www.tdd-online.com    18 de mayo de 2012
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OPINIÓN
Última actualización 14/12/2009@19:14:16 GMT+1

Miquel Bonet

Yo no quiero asustarle, pero los números cantan y aunque todavía no se note en la calle, hemos traspasado la barrera de los cuatro millones de parados. ¿Que son muchos? Pues sí, son demasiados, y todo hace prever que en menos de un año no podremos pagar ni pensiones, ni paro, ni prestaciones sociales. Quién lo iba decir, tanto presumir de economía potente y “chulear” de potencia mundial y si no fuera por la eterna “Viagra” anual del turismo, somos un país mediocre que puede presumir sin vergüenza de haber generado más de la mitad de los parados de Europa (fuente, Labour Market Rewiew Spring, 2009).

Hay un diagrama que utilizamos con frecuencia los docentes y que tiene que ver con la consciencia y las competencias, dice, que lo peor que le puede pasar a uno es ser inconscientemente incompetente, y eso mismo nos sucede desde hace años, antes se le llamaba raza y ahora talento y actitud, pero los complejos son los mismos y seguimos suspirando con ser “grandes”, ¿para qué? si bastaría con ser buenos y eficaces.

Si el anterior gobierno se creía una potencia mundial sólo por salir en la foto, el actual suplica por estar en el G-20, no sé si nuestra ambigüedad histórica nos permite merecerlo. Parecía que en este país lo que funcionaba de verdad eran la Sanidad y los bancos, pero en un trienio nos faltarán 5.000 médicos y no sabemos cómo atender una sobrepoblación de ocho millones de personas llegadas en los últimos años, y hay que financiar a los bancos.

Aunque eso no es lo peor, ni tampoco los escándalos en Justicia, ni el fracaso escolar, ni la devaluación de la F.P., ni la degeneración a la que ha llegado la enseñanza, ni la falta de confianza en Bolonia, para mí lo peor es que somos víctimas del tedio, de la holgazanería del pensar y eso se manifiesta en la falta de calidad que percibimos en lo que hacemos; somos servidos mediocremente por profesionales que no conocen bien su oficio, que se limitan a aplicar, a despachar, pero que nos sirven mal, sólo nos preocupamos del presente y nadie planifica de verdad el futuro, por eso seguimos pendientes de infraestructuras, de un AVE que nos conecte con Europa, de ayudas a las pymes y del acompañamiento que debería hacer la empresa para desarrollar el talento.

No quiero caer en la crítica fácil de aquellos que asocian nuestra falta de productividad -26º país europeo o un escandaloso absentismo de casi un 10% de la población activa- con el tópico de la ineficiencia, unido a una legislación laboral anacrónica y a la autocomplacencia de los políticos. Pero, cuando sales a la calle descubres que sin valores, sin respeto y sin esfuerzo es imposible crecer, aquí nadie cede un asiento en el bus, ni hay una pared urbana sin graffitis, la calles están sucias, no se controla la defecación de las mascotas, se roban hasta las plantas ornamentales cívicas generándose un individualismo que nos aparta del espíritu social y que tiene consecuencias en el ámbito laboral, contrastadas con la escasa orientación al servicio a los demás y la escasa profesionalidad.

La mediocridad se genera cuando se pierde el gusto por hacer bien las cosas. Por ello, no debe extrañarnos que en un país en el que la mayoría de la gente trabaja en algo que no le gusta y se preocupa mucho más de su ocio que de la forma en que puede obtener los recursos para costearlo, al final acaba siendo normal que cuando pidas un café en un bar ni siquiera te miren a la cara y acabes pagando sin rechistar, porque una cosa es el precio que se paga y otra muy distinta el valor de lo que obtenemos a cambio. Lástima que en este reino de mediocridad nadie quiera ser rey.

Miquel Bonet
Director de Programas de Competencias Directivas
Universidad de Barcelona - iL3

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